“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 12. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”

COMPARECENCIA.- En Granada a dieciseis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Ante S. Sª Ilma. con mi asistencia el Secretario, comparece D. (nombre borrado con tipex), titular del Documento Nacional de Identidad número , nacido en el de de , hijo de y , Médico, vecino de con domicilio en calle número , y previo juramento que presta en forma, dice: Que su esposa Dª. Isabel Alonso Dávila, fue detenida por la Policía el viernes pasado día diez del mes en curso, y desde entonces continua en los calabozos de la Comisaría, y como su dicha esposa se encuentra embarazada y casi en el quinto mes de gestación, y ha sido llevada al Hospital de San Juan de Dios por Inspectores de la Policía para ser reconocida a causa de haberse sentido con dolores de espalda y sangrado, tiene el temor de que pueda sucederle algún aborto u otros males por no tener los cuidados que requiere su estado, en razón a lo cual lo pone en conocimiento del Juzgado a fin de que se tomen las medidas oportunas, y se puedan cumplir las recomendaciones del Médico que le asistió en dicho Hospital.-

Esto expresa y en su contenido se afirma y ratifica y firma con S. Sª. Iltma. doy fe.-

(tres firmas semiborradas con tipex)

Y así recojo este documento en Como un pulso:

También sabía Fernández Aceituno que a Roberto lo habían soltado esa mañana y estaba enterado del embarazo de Julia. Tenía conocimiento, incluso, de algo que Roberto no sabía: Julia había sido llevada al Hospital de San Juan de Dios para un examen ginecológico y el médico que la había atendido, muy buena persona, dijo Aceituno, se había pasado por el despacho la tarde anterior y le había contado cómo había ido la cosa.

   –Me viene fenomenal que hayas venido, Roberto, porque tienes que comparecer inmediatamente ante el juez de guardia. He preparado, esta mañana, en cuanto he sabido que te habían soltado, un escrito para que lo presentes. Si no te dejan presentarlo, les pides hacer una declaración. Mira. Aquí lo tienes. Luego te pasas de nuevo por aquí y arreglamos lo del coche.

   Roberto se dirigió a Plaza Nueva. Aquel día no se entretuvo en admirar la fachada barroca de la Audiencia Provincial, con sus frontones partidos y su balcón principal, ni tampoco percibió lo que siempre le comentaba Julia: que la curiosa forma de triángulo isósceles que hacía la Plaza, muy barroca, según ella, le permitía encajarse, en el lado más estrecho, en la carrera del Darro, ayudada por las líneas de fuga que dibujaba el embaldosado de mármol y que contribuían a subrayar la extraña forma de la plaza. Sin mirar, sin pensar, se dirigió directamente hacia el enorme portón de madera tallada que parecía blindar aquel edificio. Dos grises estaban apostados a los lados de la puerta: Vengo a presentar un escrito al Juzgado número uno, les dijo. Después de enseñarles su DNI, le dejaron pasar, abriendo una puerta minúscula en el enorme portón e indicándole que tenía que subir a la primera planta y girar, al final de la escalera, a la derecha, donde encontraría el juzgado que estaba buscando, a la izquierda del pasillo.

   Cuando, tras inclinarse para poder pasar por la puerta, se vio dentro, Roberto se dio cuenta de que nunca antes había estado en el interior de aquel edificio, pero tampoco se entretuvo en admirar la escalinata de mármol blanco que se encontraba al final del enorme zaguán. Superada la escalinata y el pasillo, llegó a la puerta del número uno, golpeó con los nudillos y una voz femenina contestó desde dentro con un adelante que sonó a repetido más de mil veces. Roberto se dirigió a la funcionaria, que no dejó de escribir a máquina en una Olivetti tan grande que parecía que se iba a desbordar de la pequeña mesa metálica sobre la que se apoyaba:

   –Vengo a presentar un escrito. –La funcionaria le pidió el DNI y el escrito.

   –Tome asiento en aquel banco, por favor –dijo, mientras señalaba con el índice completamente estirado el sobrio mueble que se encontraba apoyado en la pared de enfrente y descolgaba con la mano izquierda un teléfono color crema. Marcó dos números cortos haciendo girar con la uña del dedo índice de la mano derecha el dial transparente, con lo que produjo un ruido apagado, como de plástico contra plástico, que a Roberto le molestó. No soportaba a las funcionarias que parecían dedicar más tiempo a ir a la peluquería y hacerse la manicura que a hacer bien su trabajo.    

–Señor Secretario, tengo aquí a un joven, Don Roberto Climent Domenech, que comparece para presentar un escrito o hacer una declaración –dijo la funcionaria, dibujando con el carmín de los labios cada una de las vocales de la frase. Y colgó el teléfono sin decir nada más.

   Roberto comprendió que la espera podía ser bastante larga y, después de admirar el suelo hidráulico, decorado con un enorme dibujo geométrico en tonos granates, verdes y azules, se puso a repasar el escrito de Fernández Aceituno. Cuando habrían pasado unos diez minutos, salió el secretario del juzgado y le hizo pasar al despacho del juez. Tras un buenos días protocolario, Roberto intentó entregar el escrito que Aceituno había preparado. No, no, nada de escritos. Este letrado piensa que nos va a poder tener aquí todo el día archivando papeles. Si quiere usted declarar algo, tendrá que ser oralmente. A ver, dígame. Roberto vomitó el contenido del escrito siguiéndolo casi al pie de letra y, media hora más tarde, estaba de nuevo en la calle con una copia del documento que había redactado el secretario judicial y habían firmado, además de él mismo, el juez y Roberto. Ya en la plaza, se sentó en un banco y leyó:

  “COMPARECENCIA.– En Granada, a dieciséis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Ante S. Sª. Ilma.. Con mi asistencia el Secretario, comparece D. Roberto Climent Domenech, titular del Documento Nacional de Identidad número 20.875.983, nacido en Denia, el 12 de octubre de 1951, hijo de Roberto y Marina, médico, vecino de Denia con domicilio en la calle Mayor número 11 y, previo juramento que presta en forma, dice: que su esposa, Dª Julia Ávila Sanz, fue detenida por la policía el viernes pasado, día diez del mes en curso, y desde entonces continúa en los calabozos de la Comisaría y, como su dicha esposa se encuentra embarazada y casi en el quinto mes de gestación, y  ha sido llevada al Hospital de San Juan de Dios por Inspectores de la Policía para ser reconocida a causa de haberse sentido con dolores en la espalda y sangrado, tiene el temor de que pueda sucederle algún aborto u otros males por no tener los cuidados que requiere su estado, en razón a lo cual lo pone en conocimiento del Juzgado a fin de que se tomen las medidas oportunas, y se puedan cumplir las recomendaciones del Médico que la asistió en dicho Hospital. Esto expresa y en su contenido se afirma y ratifica y firma con S. Sª. Iltma. Doy fe.-“.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 72-75)

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