“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Páginas 18, 19 y como lo recojo en “Como un pulso”.

arátula dossier del TOP
Carátula del dossier del Tribunal de Orden Público, que principa el 24 de octubre de 1975, en el que aparezco procesada

ACTA DE ENTRADA Y REGISTRO. – En Granada, siendo las diez horas y treinta minutos del día once de octubre de mil novecientos setenta y cinco, los Inspectores de Segunda Clase del Cuerpo General de Policía titulares de los carnet profesionales números seis mil doscientos setenta y siete y ocho mil seiscientos seis, ambos afectos a la Brigada Regional de Investigación Social de la Jefatura Superior de Policía de la Región de Andalucía Oriental, con sede en dicha capital, se personaron en la casa sita en Avenida de Badajoz, bloque número uno, piso séptimo, letra D, donde habita ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el veintitrés de noviembre de mil novecientos cincuenta y tres en Salamanca, hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), casada, licenciada en Filosofía y Letras, con el fin de dar cumplimiento a la autorización de entrada y registro expedida por el señor Jefe de la citada Brigada, en la que, de conformidad con lo establecido en el artículo 14 del decreto-Ley 10/75, de fecha veintiséis de agosto, sobre prevención del Terrorismo, se dispone la entrada y registro en dicho domicilio. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – -“

   Una vez en este, los funcionarios actuantes requirieron la presencia, en calidad de testigos de doña (nombre borrado con tipex). nacida en Freila (Granada) el día dos de mayo de mil novecientos cuarenta y dos, hija de ­­­­­­(nombre borrado con tipex) y­­­­­­ (nombre borrado con tipex), casada, sus labores, con domicilio en la Avenida de Badajoz, bloque primero, sexto F; y de doña ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­(nombre borrado con tipex), nacida en Rute (Córdoba) el veintisiete de junio de mil novecientos cuarenta y cinco, hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), casada, sus labores, con domicilio en el mismo inmueble, piso sexto E, en cuya presencia, así como en la de ISABEL ALONSO DÁVILA, cuya filiación consta anteriormente, a quien se mostró y leyó la referida Autorización de entrada y registro y para cuyo servicio dio toda clase de facilidades, se procedió a efectuar un minucioso registro en todas las habitaciones que componen la vivienda, dando el siguiente resultado: Se halló un folio escrito a mano que comienza: ‘La Junta Democrática es el comienzo efectivo de la realización del Pacto’; un folio escrito a multicopista que comienza: ‘Carta a la opinión pública de los estudiantes del Plan  1974 de Medicina de Granada’; otro folio a multicopista titulado ‘Declaración de la Junta Democrática de España al pueblo español’; cinco folios a multicopista bajo el título de ‘Selectividad’; tres folios a multicopista titulados ‘Manifiesto de la Reconciliación’, firmados por Junta Democrática de España; tres folios a multicopista bajo el título ‘Nuestra visión de la coyuntura’; un folio escrito a máquina titulado ‘Comunicado de la Junta Democrática de Andalucía’; seis folios a multicopista bajo el título ‘Entrevista de Rinascita’; dos folios de un llamado ‘Boletín de las fuerzas armadas Misión’; un ejemplar de la revista ‘Horizonte’ (fecha 23-abril-1975); dos ejemplares de la revista ‘Nuestra Bandera’; un folleto titulado ‘API’, de fecha 8 de marzo del 75; un ejemplar de la revista ‘Senda’; otro ejemplar de la revista ‘La voz del Campo andaluz’; un ejemplar de la publicación ‘Unidad’; cuatro ejemplares de ‘Mundo Obrero’; dos ejemplares de ‘Granada Roja’; tres ejemplares de ‘Viento del Pueblo’; un ejemplar de ‘Venceremos’; un ejemplar incompleto de ‘Sindicalismo y movimiento obrero’; un libro titulado ‘Acerca de Engels’; otro, titulado, ‘Quatre Essais Philosophiques’; otro, titulado, ‘Les Grandes Ouvres Politiques’, otro, titulado, ‘El fin del Mundo Antiguo’, otro, titulado ‘L’Economie de l’URSS’; un folleto titulado, ‘La Societé Française en Crise’; otro, titulado, ‘Algunas notas políticas de la Revolución española’; un libro, titulado, ‘Las luchas de clase en Francia de 1848 a 1850’, otro, titulado, ‘La Republique Democratique Allemande’; otro, titulado, ‘Traité d’Economie Marxiste’; otro, titulado, ‘Manifiesto del Partido Comunista’; otro, titulado, ‘Psichologie de Masses du Fascisme’; otro, titulado, ‘Ecrists militaires de Mao Tse Toung’; otro, titulado, ‘Les Internationales Ouvrieres’; otro, titulado, ‘Citas del Presidente Mao Tse Toung’; otro, titulado, ‘Recherches Psycologiques en URSS’; otro, titulado, ‘Ecrits Choisis en Trois Volumes’; otro, titulado, “Sobre la defensa de la Patria socialista”; un folleto titulado “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, otro folleto titulado “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política”, otro titulado “Guerra del pueblo, ejército del pueblo”, otro titulado “Cuba 68”, un bote grande de tinta para multicopista, marca Korets.

   Igualmente, se intervinieron, otros papeles y efectos, que, por su interés policial, quedan depositados en esta brigada, para su estudio y examen y posteriores averiguaciones – – – – – – – – – – – -.

   Concluido este registro, dos horas después de su iniciación, se extiende la presente acta, la que, una vez leída por todos los concurrentes, la firman en prueba de conformidad de lo que CERTIFICO.”

(Cuatro firmas borradas parcialmente con tipex)

“DILIGENCIA. – Para hacer constar que ISABEL ALONSO DÁVILA, cuya filiación consta, después de haber leído la anterior acta, manifiesta que se niega a firmarla, negándose así mismo a explicar el motivo de su negativa. Conste y certifico. – – – – – – – – – – –.”

(Una firma borrada parcialmente con tipex)

Portada de Como un pulso, Caligrama, 2020

Así cuento en Como un pulso, ayudada por las fuentes escritas, pero también por mis recuerdos y dándome permiso para rellenarlos con la utilización de la ficción, el registro, la redacción del acta y mi negativa a firmarla:

Dentro del apartamento, Julia pudo ver que sus muebles ya no estaban. Pero en la sala de estar aparecían, en desorden y abiertas, varias de las cajas de libros y papeles. Eran los que los de la social habían estado seleccionando la tarde anterior antes de que la falta de luz les impidiera continuar con el registro.

   El social de la Olivetti abrió la mesa plegable al lado de la puerta acristalada que daba a la terraza, colocó el sillín detrás de ella y desenfundó la pequeña Olivetti.

   –Necesitamos dos testigos –dijo entonces el otro social–. Agente, llame a las puertas de las vecinas que le hemos dicho.

   Y, mientras el agente se dirigía a la salida del apartamento, el social de la máquina de escribir tomó asiento y empezó a teclear:

   “ACTA DE ENTRADA Y REGISTRO. – En Granada, siendo las diez horas y treinta minutos del día once de octubre de mil novecientos setenta y cinco, los Inspectores de Segunda Clase del Cuerpo General de Policía titulares de los carnet profesionales números seis mil doscientos setenta y siete y ocho mil seiscientos seis, ambos afectos a la Brigada Regional de Investigación Social de la Jefatura Superior de Policía de la Región de Andalucía Oriental, con sede en dicha capital, se personaron en la casa sita en Avenida de Badajoz, bloque número uno, piso séptimo, letra D, donde habita JULIA ÁVILA SANZ, nacida el veintitrés de noviembre de mil novecientos cincuenta y tres en Valladolid, hija de Dionisio y Florita, casada, licenciada en Filosofía y Letras, con el fin de dar cumplimiento a la autorización de entrada y registro expedida por el señor Jefe de la citada Brigada, en la que, de conformidad con lo establecido en el artículo 14 del decreto-Ley 10/75, de fecha veintiséis de agosto, sobre prevención del Terrorismo, se dispone la entrada y registro en dicho domicilio. – – – – – – – – – – -“

   –¿Han llegado ya los vecinos? –casi gritó el policía, mientras tecleaba la última línea de guiones y espacios con la vista levantada del teclado y dejando por un momento el ensimismamiento al que le había tenido sometido la redacción de documento.

   –Sí, sí, aquí estoy, señor –dijo la vecina de al lado con un tono que parecía querer significar un gran respeto por la autoridad, pero que en realidad transmitía un miedo reverencial.

   ­­– Ah, sí, ya veo. Vale, vale, pues podemos seguir –y aporreó de nuevo las teclas de la Olivetti:

   “Una vez en éste, los funcionarios actuantes requirieron la presencia, en calidad de testigos de doña…”

   –A ver, sus nombres y apellidos –se oyó de nuevo la voz tonante–. ¿Han traído sus DNI?

   –Pilar Albolote Sierra. Sí, sí, aquí están –contestó la vecina de al lado a las dos preguntas casi a la vez, evitando la mirada de Julia, mientras alargaba los documentos de ella y de la otra vecina hacia la mano extendida del policía.

   “Pilar Albolote Sierra”, tecleó el subinspector. Y continuó escribiendo, mientras consultaba los datos de los DNI, “nacida en Freila (Granada) el día dos de mayo de mil novecientos cuarenta y dos, hija de Pedro y Josefa, casada, sus labores, con domicilio en la Avenida de Badajoz, bloque primero, sexto F; y de doña Angustias López Giménez, nacida en Rute (Córdoba) el veintisiete de junio de mil novecientos cuarenta y cinco, hija de Juan y Teresa, casada, sus labores, con domicilio en el mismo inmueble, piso sexto E, en cuya presencia, así como en la de JULIA ÁVILA SANZ, cuya filiación consta anteriormente, a quien se mostró y leyó la referida Autorización de entrada y registro y para cuyo servicio dio toda clase de facilidades, se procedió a efectuar un minucioso registro en todas las habitaciones que componen la vivienda, dando el siguiente resultado: Se halló un folio escrito a mano que comienza: La Junta Democrática es el comienzo efectivo de la realización del Pacto; un folio escrito a multicopista que comienza: Carta a la opinión pública de los estudiantes del Plan  1974 de Medicina de Granada; otro folio a multicopista titulado Declaración de la Junta Democrática de España al pueblo español; cinco folios a multicopista bajo el título de Selectividad; tres folios a multicopista titulados Manifiesto de la Reconciliación, firmados por Junta Democrática de España; tres folios a multicopista bajo el título Nuestra visión de la coyuntura; un folio escrito a máquina titulado Comunicado de la Junta Democrática de Andalucía; seis folios a multicopista bajo el título Entrevista de Rinascita; dos folios de un llamado Boletín de las fuerzas armadas Misión; un ejemplar de la revista Horizonte (fecha 23-abril-1975); dos ejemplares de la revista Nuestra Bandera; un folleto titulado API, de fecha 8 de marzo del 75; un ejemplar de la revista Senda; otro ejemplar de la revista La voz del Campo andaluz; un ejemplar de la publicación Unidad; cuatro ejemplares de Mundo Obrero; dos ejemplares de Granada Roja; tres ejemplares de Viento del Pueblo.

   Cuando Julia escuchó al de la social decir el nombre de esta cabecera, el poema de Miguel Hernández llegó a su cabeza como un puñal ensangrentado de luz y tuvo que contenerse para no murmurar unas palabras que se sabía de memoria: “vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta”. Alentada con la fuerza de esas palabras, volvió a centrarse en lo que interesaba en ese momento y sus oídos volvieron al sonido de la máquina de escribir y a la voz monótona que repetía en alto lo que las teclas estampaban sobre el papel al golpear sobre la cinta entintada.

   … un ejemplar de Venceremos; un ejemplar incompleto de Sindicalismo y movimiento obrero; un libro titulado Acerca de Engels; otro, titulado, Quatre Essais Philosophiques; otro, titulado, Les Grandes Ouvres Politiques, otro, titulado, El fin del Mundo Antiguo, otro, titulado L’Economie de l’URSS; un folleto titulado, La Societé Française en Crise; otro, titulado, Algunas notas políticas de la Revolución española; un libro, titulado, Las luchas de clase en Francia de 1848 a 1850, otro, titulado, La Republique Democratique Allemande; otro, titulado, Traité d’Economie Marxiste; otro, titulado, Manifiesto del Partido Comunista; otro, titulado, Psichologie de Masses du Fascisme; otro, titulado, Ecrists militaires de Mao Tse Toung; otro, titulado, Les Internationales Ouvrieres; otro, titulado, Citas del Presidente Mao Tse Toung; otro, titulado, Recherches Psycologiques en URSS; otro, titulado, Ecrits Choisis en Trois Volumes…

   Los títulos en francés se llevaron la cabeza de Julia muy lejos, a un tren repleto camino de Portbou. Su primer viaje con Roberto, que había sido también su primer viaje al extranjero, a París. Hacía de eso cuatro años. Julia acababa de terminar primero de comunes y Roberto tercero de Medicina. Ella había trabajado todo el mes de julio dando clases particulares y Roberto contaba con algunos ahorros, pero habían decidido que llegarían a París en autoestop, para no gastar todo su dinero en el viaje. En autoestop, sí, pero, después de más de diez horas, sólo habían logrado llegar a Peñíscola, así que, al borde de la insolación, decidieron que seguirían en tren, aunque tuvieran que buscar algún trabajo en París para poder comer durante el mes de agosto. El vagón al que se subieron en Peñíscola les puso en contacto con una realidad que nunca hasta entonces habían tocado, la de los trenes abarrotados de emigrantes españoles que volvían a Francia después de sus vacaciones. El tren iba hasta los topes y tuvieron que viajar en un pasillo atestado de maletas y pasajeros hasta Portbou, Roberto de pie y Julia sentada sobre su mochila. Una vez cruzada la siniestra frontera, hubo sitio para todos en el tren francés y, además, se soltaron las lenguas y Julia y Roberto aprendieron por primera vez cómo se hablaba de política con desconocidos cuando se vivía en un país democrático. El emigrante que compartió con ellos el queso manchego que llevaba y que más tarde se bajaría en Narbonne les dijo que él era antifranquista y que esperaba que ellos lucharan por la libertad en España. Tímidamente, Julia y Roberto le dijeron que ya lo estaban haciendo y, a partir de ese momento, no comieron sólo queso, sino que lo acompañaron con un vino de Valdepeñas que a Julia le supo a gloria.

   El mes de agosto en París pasó de chambre de bonne en chambre de bonne, todas prestadas por gente cercana al Partido cuando sus moradores no estaban, y con Julia fregando platos por las tardes en el Bar Español de cerca de Châtelet. El encargado, cuando Julia quería cambiar el agua del fregadero, le decía que era una remilgada y que había que ahorrar agua, con lo que ella llegaba casi a la náusea cuando tenía que mover sus manos entre un agua llena de granos de arroz flotando que habían llegado allí al introducir los platos con los restos de paella. París fue también, para Julia, los paseos por el Jardin de Louxembourg cuando Roberto venía a buscarla al bar, los croque monsieur del Boulevard de Saint Michel, la sorpresa de los trotoirs roulants en la estación de Montparnasse, la imitación de las francesas que habían decidido que se podía prescindir del sujetador y, sobre todo, las librerías: la Maspero de Saint Michel, con los libros de Què-sais-je a unos precios increíbles,  y la librería española de Soriano, con los libros de Ruedo Ibérico, que se convirtió en lugar de encuentro y conversación. También en su segundo viaje a París, pero esta vez sola, con pasaporte falso y a un curso de formación de jóvenes universitarios comunistas en el que conoció a muchos miembros del Comité Central –Carrillo, Santiago Álvarez, Ignacio Gallego y tantos otros–, Julia había vuelto a visitar, en la única tarde que tuvo libre, la librería de Soriano en compañía de Manuel Azcárate. Pero esa vez no había comprado ningún libro prohibido. Las normas de seguridad no le permitían poner en riesgo la organización y que su pasaporte falso acabara en manos de la policía en la frontera y les llevara a descubrir qué persona o en qué comisaría se hacían aquellos documentos clandestinamente.

   En el primer viaje las mochilas de Julia y Roberto habían vuelto al tren de vuelta cargadas con todos aquellos títulos que ahora leía torpemente aquel policía de la social. Julia recordó el miedo que habían pasado en la frontera de Portbou por si les encontraban los libros. De pronto, sin querer, sus recuerdos se posaron en el doloroso momento en que una caja cargada con aquellos libros comprados en Soriano había aparecido en el maletero del ochocientos cincuenta que conducía su hermano Daniel el día en que se mató en la carretera entre El Grao y Gandía. Daniel se los tenía que llevar a la residencia de Valencia, pero el que se los llevó fue un guardia civil y al chalet de sus padres en Gandía. Julia había intentado comprender por qué aquel guardia civil había hecho entrega de la caja sin hacer ningún comentario y sólo pudo pensar que no habría querido añadir más dolor a aquella escena de una madre y un padre destrozados por la muerte de un hijo y una familia rota por la muerte del hermano.  Julia tuvo que hacer un esfuerzo por apartar los recuerdos de ese día, que la conducían siempre en un viaje por todos los territorios en los que sabe anidar la culpa. Consiguió regresar desde ese viaje emprendido por su recuerdo a la voz del social, que seguía cantando títulos de los libros, que le enseñaba su compañero, y aporreando la pequeña máquina de escribir.

   – … otro, titulado, “Sobre la defensa de la Patria socialista”; un folleto titulado “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, otro folleto titulado “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política”, otro titulado “Guerra del pueblo, ejército del pueblo”, otro titulado “Cuba 68”, un bote grande de tinta para multicopista, marca Korets.

   Al llegar a este punto, volvieron a sonar las teclas con un ritmo que significaba que el social estaba pulsando la del guion y la del espacio con una rapidez que no tenía cuando escribía los títulos de los libros. El social de la máquina, con una cara que proclamaba lo harto que estaba de aquella lista interminable, levantó la vista y le dijo a su compañero:

   –Yo creo que ya tenemos bastante, ¿no te parece? Todo lo demás nos lo llevamos y ya lo miraremos con más calma en comisaría.

   –Tú verás, que tienes más mando que yo. A ver qué nos dicen luego allí.

   –Pues que digan lo que quieran –y continuó escribiendo, mientras verbalizaba las palabras que iban quedando estampadas sobre el papel–. Igualmente, se intervinieron, otros papeles y efectos, que, por su interés policial, quedan depositados en esta brigada, para su estudio y examen y posteriores averiguaciones –y, de nuevo, volvió a oírse el característico sonido de las teclas de espacio y guion. –Concluido este registro, dos horas después de su iniciación, se extiende la presente acta, la que, una vez leída por todos los concurrentes, la firman en prueba de conformidad de lo que CERTIFICO. –Más sonido de las teclas de espacio y guion.

   Las vecinas, Pilar y Angustias, firmaron torpemente, sin leer el documento, y con una cara de impaciencia que se podía deber tanto a la situación en la que se habían visto obligadas a participar y en su cercanía a dos señores subinspectores de policía, como a estar pensando en que se les estaba yendo la mañana y tenían la comida por hacer. Julia leyó detenidamente aquellas dos abigarradas páginas.

   –No pienso firmar este documento. Pero necesito ir al lavabo.

  Una vez superada la sorpresa que le había producido la negativa a firmar el acta, y con el gesto de impaciencia del que empieza a estar a punto de perder los nervios, el policía mecanógrafo dijo:

   –Sí, puedes ir al lavabo.

    Julia entró en el lavabo y, con la prisa de quien sabe que no dispone de mucho tiempo, empezó a llenar el bidé para tenerlo ya preparado en cuanto terminara. Se lavó lo más rápido que pudo y utilizó todo el papel de váter que necesitó para secarse. Se guardó el resto dentro de las bragas, bendiciendo el que el rollo tuviera todavía casi un cuarto del total. Al menos tendría para dos o tres días. Cuando Julia salió del lavabo, la cara de impaciencia del social mecanógrafo había llegado a los límites de lo imaginable. La miró como quien piensa que si no desaparecía pronto de su vista no se podría contener más. Volvió a meter los cuatro folios de la última página del acta y las tres hojas de papel carboncillo que los separaban, y añadió:

“Diligencia. – Para hacer constar que Julia Ávila Sanz, cuya filiación consta, después de haber leído la anterior acta, manifiesta que se niega a firmarla, negándose así mismo a explicar el motivo de su negativa. Conste y certifico. – – – –

   –Yo no me he negado a explicar el motivo de mi negativa. Es que nadie me ha preguntado.

   –Muy bien. Pues eso, como tú dices: es que nadie te ha preguntado –dijo el social–. Y ahora, cierra la boquita, anda, que tenemos prisa.

   Ya en el ascensor, Julia consiguió decir:

   –Hace más de quince horas que he salido de esta casa, cuando estaba llena de muebles y cajas preparados para la mudanza. Los muebles ya no están y no he tenido ningún control de las llaves. Alguien puede haber puesto las cosas. Esto lo debería saber el juez, ¿no?

   Los de la Social ni la miraron. La metieron en el coche y la volvieron a llevar a comisaría, de nuevo con la sirena puesta, que más parecían utilizar para acallar cualquier frase que pudiera salir de los labios de Julia que para señalar la presencia de un coche policial por las calles desiertas de Granada a la hora de comer. Al cabo de media hora, Julia estaba de nuevo en su celda. Pensó que necesitaba aquel espacio de soledad para ordenar un poco su cabeza, que empezaba a dar signos de fatiga. Quería soledad, pero no sabía en aquel momento que iba a tener demasiada: nadie la volvió a llamar en los dos días siguientes, que pasaron con toda la lentitud que añade a la percepción del tiempo el no tener nada que hacer ni nada que leer. Sólo podía pensar y ella no quería pensar más. Pero, muchas veces, no lograba controlarse.

(ALONSO DÁVILA, Isabel, Como un pulso, Caligrama editorial, 2020, p. 35-42)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 17 y como lo recojo en “Como un pulso”.

arátula dossier del TOP
Carátula del dossier del Tribunal de Orden Público (TOP), 24 de octubre de 1975. Centro Documental de la Memoria Histórica. Salamanca

“AUTORIZACIÓN DE ENTRADA Y REGISTRO.-

EL JEFE DE LA BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL DE LA JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA DE LA REGIÓN DE ANDALUCÍA ORIENTAL, CON SEDE EN ESTA CAPITAL, INSPECTOR JEFE DEL CUERPO GENERAL DE POLICÍA, titular del carnet profesional número 4.375, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 14 del Decreto-Lay 10/75, de 26 de agosto, sobre prevención del terrorismo, EXISTIENDO indicios suficientes de que en el domicilio sito en Avenida de Badajoz, bloque nº 1, 7º D, donde habita ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el 23-11-1953 en Salamanca, hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), estudiante, casada, por ser miembro de unas de las Organizaciones declaradas fuera de la ley en el artículo 4º del mencionado Decreto-Ley y puedan encontrarse en dicha vivienda efectos o instrumentos para la comisión de delitos de terrorismo, libros, documentos o propaganda relacionada con esta figura delictiva, por razones de máxima urgencia y CONSIDERANDO la existencia, de grave riesgo par la vida de los ciudadanos, el orden público y la convivencia social, en evitación de que, de inmediato, desaparezcan o se oculten elementos útiles para la investigación,

AUTORIZA la entrada y registro en el domicilio antes mencionado a los funcionarios de la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior, Inspectores de Segunda Clase del Cuerpo General de Policía, titulares del Carnet profesional número A12GO-6277 y 8606, respectivamente, como medida necesaria para realizar tan específica misión, los que procederán a verificar inmediatamente dicha Diligencia, haciendo uso de cuantas medidas fueren precisas para ello, debiendo levantar ACTA, la que, junto con lo que se ocupe, se remitirá al Iltmo. Sr. Magistrado Juez del Juzgado de Instrucción de Guardia, al que se da cuenta inmediata de haber sido adoptada esta determinación.-

En Granada, a once de Octubre de mil novecientos setenta y cinco.-

(Sello circular donde aparece escrito: “DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD. BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL. GRANADA”, con el escudo franquista en el centro) acompañado a la derecha de una firma semiborrada con tipex e ilegible.

“AUTORIZA Y FIRMA EL JEFE DE LA BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL DE LA JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA DE GRANADA.-“

Portada de Como un pulso, Caligrama editorial, 2020

Así cuento en Como un pulso, ayudada por las fuentes escritas, pero también por mis recuerdos y dándome permiso para rellenarlos con la utilización de la ficción, este asunto de de los preparativos para el registro:

“Al día siguiente por la mañana, Julia sólo había intercambiado algunas palabras con aquel guardia uniformado del carné de conducir, que había abierto su celda para pasarle un plato de latón con puré de patatas y un trozo de pan. También le había abierto cuando había pedido ir a la letrina por la mañana, una letrina que ya estaba muy sucia cuando llegó y que nadie había limpiado esa mañana. Cuando hacía poco tiempo que se había despertado en el asqueroso camastro y había llamado al guardia, un policía de paisano, que le pareció que no era ninguno de los que les habían detenido, la sacó de la celda y la subió a la planta baja. Allí la esposó y la condujo a un patio interior donde aparecían estacionados tres coches zeta y siete particulares: un Simca mil, dos seiscientos, un cuatro latas, un Gordini, un Seat 124 y, reinando sobre el grupo, un tiburón.

   El policía introdujo a Julia en el asiento trasero de uno de los coches Z, en el que ya estaba un gris en el puesto del conductor y otro policía de paisano en el del copiloto. El social que la había llevado se sentó con ella en el asiento trasero. Julia juntó al máximo sus piernas para intentar que no escapara el olor que estaba segura de que desprendía.

   –¿A dónde vamos? – preguntó.

   –Menos preguntitas, lista, que enseguida lo sabrás –contestó el policía que la había metido en el coche.

   El conductor puso la marcha atrás y empezó a hacer las maniobras a las que obligaba aquel espacio, tan lleno de coches, para encarar el portón que daba a la calle. Justo antes de salir, Julia pudo ver su 127 estacionado en un rincón de aquel patio y preguntó qué hacía allí su coche.

   –¿Otra preguntita? –le dijo el de la Social que iba en el asiento del copiloto–. Ya sabíamos que eras muy habladora, pero me parece que estás superando nuestras expectativas.

   –Yo creo que con que sepas que tenemos la autorización pertinente, ya tienes suficientes respuestas –le contestó el policía que iba sentado a su lado–. Así que, ahora, tranquilita, que ya tendrás tiempo de hablar cuando empecemos a interrogarte.

   –¿Y cuándo va a ser eso? –dijo Julia sin poder evitar que su tono sonara insolente.

   El policía no le contestó, sino que se dirigió a su compañero.

   –Me parece a mí que ésta está pidiendo a gritos un poco del tratamiento del jarabe ese que nos da tan buenos resultados. Cómo se nota que es el primer día que la tenemos con nosotros. Ya la iremos colocando en su sitio, ¿no crees? –Ante la falta de respuesta del compañero, añadió mirando esta vez a Julia– tú, tranquila, que me parece que vamos a tener tiempo de sobra. Con el permiso de su señoría, claro.

   El coche zeta giró alrededor de tres de los cuatro lados de la Plaza de los Lobos, sin que Julia pudiera ver a ningún peatón ni a ninguna persona disfrutando de las primeras horas del día en alguno de los bancos de la zona ajardinada que ocupaba el centro de la plaza. Ni un solo bar, ni una sola tienda. Estaba claro que aquella plaza era de los lobos y para los lobos y que no era sólo ella la que intentaba no pisarla.

   Al salir de la plaza, el coche se dirigió hacia Gran Capitán y, de allí, a la Plaza del Triunfo, desde la que, tras un giro a la izquierda, encaró la Gran Vía. Julia pudo entonces comprobar que, en realidad, estaban rehaciendo el mismo camino que habían recorrido el día anterior pero esta vez en sentido inverso. Al pasar por la esquina de la Gran Vía con la Avenida de la Estación, volvió a mirar hacia la puerta de la casa de los padres de Simón y de nuevo se encontró con una foto fija en la que ningún movimiento daba señales de vida.

   Al llegar al bloque uno de la Barriada de la Encina, en el barrio de La Chana, el gris que conducía el coche zeta aparcó ordenadamente en el solar que había delante de la casa. Primero bajó el social que iba en el asiento del copiloto y se dirigió hacia la parte trasera del coche. Julia se giró en su asiento y pudo ver cómo el policía abría el maletero y sacaba algo de allí, dirigiéndose hacia la puerta del bloque. Entonces observó cómo el policía apoyaba una pequeña mesa plegable y un pequeño sillín de trípode, también plegable, en el lado derecho de la puerta y volvía hacia el maletero que había dejado abierto. Sacó entonces una funda dura de color gris en la que se podía leer: Olivetti. Sólo después de haber concluido esta operación, se bajó el gris que había conducido y abrió la puerta más cercana a Julia.

   –Anda, baja –le dijo.

   Cuando Julia estuvo fuera, bajó del coche el social que había ido a su lado durante el trayecto y la llevó hacia la puerta del edificio mientras el otro policía de paisano pulsaba el timbre del interfono del sexto D.

   –Buenos días, señor –dijo una voz masculina en un tono respetuoso.

   –Abra la puerta, agente –dijo el social que transportaba la Olivetti.

   –A sus órdenes, señor –y un sonido metálico, que irritó profundamente a Julia, permitió la apertura de la puerta.

   Uno de los sociales se dirigió, con Julia cogida del brazo, hacia el ascensor y abrió la puerta para que pudiera entrar su compañero con la mesa, el sillín y la Olivetti. Algo apretados, subieron hasta el séptimo piso y se dirigieron a la puerta de la casa de la que habían sacado a Julia el día anterior. Allí les estaba esperando, vestido de paisano, el tímido policía nacional que había sido su vecino de abajo durante dos años.

   –Quite el precinto y abra con la llave maestra, agente. Que vamos a proceder al registro –dijo el social de la Olivetti.

   -Y la orden de registro –interrumpió Julia la acción. El social extendió un folio a Julia con el gesto de quien se siente hastiado de tener que cumplir con las escasas normas que no se puede saltar.

   –Aquí tienes la autorización, lista.

   Julia leyó el escrito con todo detenimiento:

“AUTORIZACIÓN DE ENTRADA Y REGISTRO. –

   EL JEFE DE LA BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL DE LA JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA DE LA REGIÓN DE ANDALUCÍA ORIENTAL, CON SEDE EN ESTA CAPITAL, INSPECTOR JEFE DEL CUERPO GENERAL DE POLICÍA, titular del carnet profesional número 4.375, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 14 del Decreto-Ley 10/75, de 26 de agosto, sobre prevención del terrorismo, EXISTIENDO indicios suficientes de que en el domicilio sito en la Avenida de Badajoz, bloque nº 1, 7º D, donde habita JULIA ÁVILA SANZ, nacida el 23-11-53 en Valladolid, hija de Dionisio y Florita, estudiante, casada, por ser miembro de una de las Organizaciones declaradas fuera de la ley en el artículo 4º del mencionado Decreto–Ley y puedan encontrarse en dicha vivienda efectos e instrumentos para la comisión de delitos de terrorismo, libros, documentos o propaganda relacionada con esta figura delictiva, por razones de máxima urgencia y CONSIDERANDO la existencia de grave riesgo para la vida de los ciudadanos, el orden público y la convivencia social, en evitación de que, de inmediato desaparezcan o se oculten elementos útiles para la investigación,

   AUTORIZA la entrada y registro en el domicilio antes mencionado a los funcionarios de la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior, Inspectores de segunda clase del Cuerpo General de Policía, titulares del carnet profesional número A12GO–6277 y 8606, respectivamente, los que procederán a verificar inmediatamente dicha diligencia, haciendo uso de cuantas medidas fuesen precisas para ello, debiendo levantar ACTA, la que, junto con lo que se ocupe, se remitirá al Ilmo. Sr. Magistrado Juez del Juzgado de Instrucción de Guardia, al que se da cuenta inmediata de haber sido adoptada esta determinación.–. En Granada, a once de octubre de mil novecientos setenta y cinco. – AUTORIZA Y FIRMA EL JEFE DE LA BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL DE LA JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA DE GRANADA”.

Cuando Julia acabó la minuciosa lectura, opuso a la cara de impaciencia de los dos sociales que estaban esperando la pregunta obvia:

   –Así que no han conseguido la orden judicial.

   –Por las prisas, guapa, pero con esta autorización nos basta y nos sobra. Tan enterada que pareces y no te han informado en el Partido de que con el Decreto-Ley de agosto sobre prevención del terrorismo podemos entrar sin orden judicial. ¿O es que una persona tan informada como tú no conoce las últimas novedades? Además, ¿no acabas de leer que se ha dado cuenta al juez de guardia? Va, no perdamos más tiempo –dijo el social abriendo la puerta.

   –Me imagino que no han podido convencer a ningún juez de que yo soy una terrorista, ¿no? –dijo Julia mientras cruzaban el umbral.

    –Creo yo que tenemos aquí un hueso duro de roer –oyó Julia que le decía un social al otro en un susurro.”

(ALONSO DÁVILA, Isabel, Como un pulso, Caligrama Editorial, páginas 29-34)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 16

arátula dossier del TOP
Carátula dossier del Tribunal de Orden Público, 24 de octubre de 1975 (Centro Documental Memoria Histórica. Salamanca)

“DILIGENCIA INFORME.- Se extiende la presente para hacer constar las informaciones obtenidas por esta Brigada Regional de Investigación Social mediante sus servicios de observación, en relación a ISABEL ALONSO DÁVILA, todo ello debido a la constante actividad político-social desarrollada por la misma. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Que el motivo de su detención en Valencia el día uno de Mayo de mil novecientos setenta y dos, fue debido a formar parte de una manifestación violenta, que en forma de ‘comandos’ causó daños en varias entidades bancarias y establecimientos comerciales, arrojando piedras y cócteles ‘molotov’, cuya participación en dichos actos no pudo ser demostrada de forma fehaciente; por lo que fue sancionada gubernativamente, ingresando en prisión por esta sanción. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Que recién llegada a Granada por traslado de su expediente académico, se detectaron sus actividades subversivas en la Facultad de Filosofía y Letras de esta Capital, participando de forma reiterada y siempre relevante en Asambleas y Cámaras no autorizadas, prodigando duros ataques a las formas políticas españolas. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

El día veintiséis de noviembre de mil novecientos setenta y cuatro, participó de forma muy activa en una Asamblea celebrada en la Facultad de Filosofía y Letras, en la que se trató sobre el Decreto de Participación Estudiantil. Aprovechando esta temática atacó al Sistema político español, diciendo: que el mencionado Decreto de Participación era una consecuencia de que el Ministerio de Educación y Ciencia estaba en manos de un Gobierno no democrático. – – – –

El día veintisiete de Febrero de mil novecientos setenta y cuatro, fue detenida, en unión de otros activistas de esta Universidad del PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA, de cuya organización la informada ocupaba un cargo relevante y a los que se le ocupó gran cantidad de propaganda subversiva. Se le instruyeron Diligencias, estando pendiente de juicio ante el Tribunal de Orden Público.- – –

Ha intervenido de forma virulenta en varias Asambleas en la Facultad de Filosofía y Letras, calificando siempre al sistema político español de ‘fascista y de carácter antidemocrático’, insistiendo en la necesidad de una rápida implantación de la Democracia.- Con motivo del enclaustramiento de varias personas en el edificio de la Curia, durante los días veintinueve de Abril al dos de Mayo de mil novecientos setenta y cinco, la informada, en unión de varios individuos y utilizando en sus desplazamientos el coche de su propiedad, marca Seat-127, color azul, matrícula de Granada siete mil novecientos dieciocho A (GR-7.918-A), se personó en varias obras incitando a los trabajadores para que se declarasen en paro en solidaridad con los enclaustrados.- – – – – – – – – – – –

En dos ocasiones y en días distintos fue observada realizar estas actividades, no pudiendo ser detenida al darse a la fuga ante la presencia de los coches oficiales de la Policía.- – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Conste y CERTIFICO.- – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – ”

(Rúbrica ilegible y tachada con tipex)

Algunos comentarios a este texto: Nunca arrojé piedras, ni tuve en mis manos un cóctel “molotov”. La violencia siempre me ha producido terror. Menos más que el informe aclara que mi participación en los hechos violentos no pudo ser demostrada de forma fehaciente, aunque es curioso que, pese a ello, se me pusiera una multa gubernativa y se me mandara a la cárcel por impago. Así como que más adelante se me aplicara la Ley Antiterrorista.

Lo demás sí que es cierto: participaba con frecuencia en las asambleas de estudiantes atacando a la dictadura y señalando su carácter fascista y antidemocrático, e insistía en la necesidad de la rápida implantación de la democracia a España (¡vaya delitos!). También es verdad que ocupé cargos en la estructura clandestina del PCE en la Universidad de Granada y lo que cuenta de nuestra acción en las obras en solidaridad con los obreros encerrados en la Curia. Recuerdo cómo si fuera hoy el sonido y las luces de las sirenas de la policía siguiendo a mi 127 azul marino por entre los barros que circundaban las obras del Camino de Ronda. Ese día detuvieron a dos personas muy cercanas que después serían detenidas de nuevo conmigo en octubre de 1975. Aquí se puede consultar información sobre el encierro de 1975 de obreros en la Curia de Granada: https://www.mapamemoriagranada.es/lugares/segundo-franquismo/103-encierros-en-la-curia-eclesiastica-catedral-e-iglesia-de-san-isidro.

Por último, contaros que el 127 sufrió una noche un ataque cuando estaba aparcado debajo de nuestra casa en La Chana. Amaneció con todos los cristales rotos y las puertas abolladas por los golpes. Un aviso para imponer más miedo al miedo que ya pasábamos, imagino. Recuerdo que tengo alguna foto, de no muy buena calidad, eso sí, de cómo quedó el pobre coche. Esto eran acciones que solían hacer los grupos de ultraderecha, en connivencia con la policía, para que nos sintiéramos permanentemente vigilados y amenazados. Lo que a veces me cuesta entender es cómo podíamos superar el miedo y seguir adelante con nuestra lucha contra la dictadura.

El 127 también fue protagonista de uno de los episodios más curiosos, e incluso me atrevería a decir que divertidos, de mi última detención. También estuvo detenido y tuvo problemas para salir de comisaría. Lo cuento en “Como un pulso”. Pero ya os lo pondré otro día, que esta entrada está quedando muy larga.

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 15 (continuación)

arátula dossier del TOP
Carátula del dossier del Tribunal de Orden Público, 24 de octubre de 1975. Centro Documental de la Memoria Histórica. Salamanca

DILIGENCIA.- Para hacer constar que en virtud de la anterior, el señor Inspector acuerda que se efectúe un registro domiciliario a las detenidas ISABEL ALONSO DÁVILA y (borrado con tipex), cuyas Actas y Autorizaciones expedidas para los mismos de acuerdo con lo dispuesto en el Artículo 14 del Decreto-Ley 10/75 de fecha veintiséis de Agosto, se unirán a las actuaciones, así como que se tome declaración a las indicadas detenidas, y cuyas Actas-Declaraciones igualmente se unirán a las presentes Diligencias.- Conste y CERTIFICO.——-

DILIGENCIA DE ANTECEDENTES.- Para hacer constar que, consultados los Archivos de esta Jefatura Superior, la detenida ISABEL ALONSO DÁVILA, le constan los siguientes: Detenida en Valencia el día uno de mayo de mil novecientos setenta y dos, por tomar parte en actos subversivos, con motivo de la festividad del primero de Mayo, siendo sancionada con la cantidad de VEINTICINCO MIL PESETAS, cumpliendo treinta días de arresto por impago de dicha sanción.- Detenida en Granada el día veintiséis de Febrero de mil novecientos setenta y cuatro, por actividades ilegales del PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA y tenencia de abundante material subversivo. – – – – – – – – – – – –

A la detenida (borrado con tipex), le constan los siguiente antecedentes: Detenida el día dos de Mayo de mil novecientos setenta y cinco por formar parte de un ‘piquete de huelga’ que iba por las obras amenazando a los obreros para que parasen el trabajo, en solidaridad con los enclaustrados en la Curia; siendo sancionada con OCHENTA MIL PESETAS por el Gobernador Civil de la Provincia.- Conste y CERTIFICO.”

Algunos comentarios a este texto: Mi primera detención el 1 de mayo de 1972 fue mientras nos preparábamos para hacer un “salto”, pequeñas manifestaciones que duraban poquísimo tiempo, hasta que oíamos las sirenas de la policía. Como todavía no habíamos iniciado el “salto” siempre supusimos que había habido un chivatazo de alguna de las personas que habíamos convocado sin saber que era confidente. Como consecuencia de esta detención, después de pasar 72 horas en la Comisaría Central de Policía de Valencia en Guillem de Castro y de ser interrogada y prestar declaración allí, fui trasladada a la cárcel de mujeres de Valencia. Fue la primera vez que estuve en la cárcel. En “Como un pulso” explico lo duro que fue el encuentro con mi madre y mi padre allí cuando vinieron a visitarme. Por último, destacar una mentira en el redactado de estos antecedentes. ¿Cómo pueden decir que en mi segunda detención, la de Granada del 26/2/1974, yo tenía abundante material subversivo? Esto es absolutamente falso, ya que me detuvieron al acudir a una reunión del PCE en un piso de estudiantes donde vivía un camarada de la célula y no llevaba nada comprometido conmigo por las estrictas medidas de seguridad que seguíamos. Además, en esta ocasión no registraron mi casa. Por lo tanto, lo de “abundante material subversivo” es totalmente falso.

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 15. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”

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Carátula del dossier del TOP en el que aparezco procesada

DILIGENCIA.- En Granada y en la Jefatura Superior de Policía, de la Región de Andalucía Oriental, se extiende la presenta para hacer constar:

Que como ampliación y continuación de las Diligencias instruidas en la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior, con fecha dieciséis de Septiembre de mil novecientos setenta y cinco, registradas con el NÚMERO TRES MIL SEISCIENTOS NOVENTA Y NUEVE (3.699) y que fueron remitidas al Iltmo. señor Magistrado Juez del Juzgado de Instrucción NÚMERO UNO de los de esta Capital, por los funcionarios a quienes se les ordenó el servicio, son presentadas en calidad de detenidas a las veintiuna horas del diez de Octubre de mil novecientos setenta y cinco, ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el día veintitrés de Noviembre de mil novecientos cincuenta y tres, en Salamanca, hija de (borrado con tipex) y (borrado con tipex), licenciada en Filosofía y Letras, casada, con domicilio en esta Capital en Avenida de Badajoz, Barriada de la Encina, bloque uno, piso séptimo, letra D; y (borrado con tipex), nacida el día veintitrés de Noviembre de mil novecientos cincuenta y cinco, en Carcassone (Francia), hija de de (borrado con tipex) y (borrado con tipex), estudiante de primer curso de ciencias exactas, soltera, con domicilio familiar en Cúllar Baza (Granada), bar ‘Sabuanca’, carretera Granada-Murcia, y durante el periodo lectivo en Granada, calle Ancha de la Virgen, número veinte, piso cuarto izquierda. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

En su consecuencia, el Iltmo. señor Jefe Superior de Policía ordena se proceda a tomar declaración a las detenidas y que se nombre Instructor de las actuaciones al Inspector de segunda clase, del Cuerpo General de Policía, titular del Carnet Profesional número siete mil setecientos cuarenta y cinco (7.745), a quien le asistirá en calidad de Secretario el Inspector de tercera clase, del mismo Cuerpo, titular del Carnet Profesional número nueve mil tres (9.003), ambos afectos al servicio en la citada Brigada Regional de Investigación social.- Conste y CERTIFICO. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

(dos firmas ilegibles y semiborradas con tipex)

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es portada_comounpulso-1.jpg

Así es como pasa a la ficción en Como un pulso lo que se explica al principio del documento que aparece transcrito arriba, abonado también con mis recuerdos, claro:

“Pero eso sería más adelante. Ahora, el 1500 de la policía en que la llevaban estaba parando ante la puerta de la comisaría central de Granada, la de la Plaza de los Lobos. Sacaron a Julia sin miramientos y la llevaron a empellones hacia el interior de la planta baja del edificio.

   Julia no conocía por dentro aquel lugar porque siempre había evitado pisarlo. Nunca se le había ocurrido ir allí a hacer ningún trámite administrativo.

Por el aspecto podría haberse encontrado en cualquier oficina de la administración, con sus suelos de terrazo brillantes de tanto pasar la fregona con lejía una y mil veces y sus pequeñas ventanillas de atención al público. Sin embargo, las esposas que rodeaban sus muñecas no le dejaron perderse mucho tiempo en esas disquisiciones. Nada más entrar y tras un fugaz paso por una de las ventanillas en la que los policías de la Social que la llevaban, uno de cada brazo, dijeron que entregaban a la detenida Julia Ávila Sanz, dos policías uniformados de gris la condujeron hacia las escaleras que se encontraban al fondo del vestíbulo. Cuando estaban a punto de alcanzar el primer peldaño, Julia gritó que quería avisar a sus padres. Ante el gesto de duda de los dos grises, que se volvieron a buscar el consentimiento, el brazo derecho de uno de los sociales se extendió y su mano movió los cuatro dedos hacia delante y hacia atrás en un gesto que los grises comprendieron perfectamente. Siguieron adelante, pese a las protestas de Julia.

   En el tramo que separaba la planta baja del semisótano, se produjo una transformación radical del espacio, que parecía contener un cambio en el tiempo de más de tres décadas. Las escaleras, que partían con un tamaño que permitía a los dos policías llevar a Julia cogida uno por cada brazo, perdieron a partir del primer rellano la mitad de su ancho, por lo que uno de los policías tuvo que rezagarse. Volvieron a disminuir de tamaño al pasar del segundo rellano y, así, lo que había empezado por ser un grupo de tres personas, que caminaban al unísono, terminó por convertirse en una fila india. El último tramo terminaba en un estrecho pasillo que llevaba a un cuartucho. Allí, otro gris, que parecía más grande de lo que era en aquel espacio minúsculo, leía El Ideal de Granada que, abierto, ocupaba casi por completo la pequeña mesa de madera tosca en la que lo tenía apoyado. Julia volvió a escuchar la misma cantinela: se hacía entrega de la detenida Julia Ávila Sanz. El gris lector del periódico, mayor que los otros y con algunas canas que le daban un aire de tranquilidad respetable, hizo dejar a Julia sus pertenencias en una caja de cartón. Se limitaban a lo poco que había dentro del bolso bandolera, tejido a mano, más el reloj Omega y los pendientes de perlas.

   Después de que Julia firmara la lista de objetos en depósito, que con cierta dificultad había tecleado el policía con solo dos dedos en una cochambrosa máquina de escribir, éste la condujo a través de un pequeño patio rectangular, con aspecto de haber quedado a medio construir hacía ya mucho tiempo. Sus paredes estaban cubiertas por un rugoso cemento a la vista y una sucia bombilla de cuarenta vatios, llena de gotas de pintura, constituía la única iluminación. Un canal de desagüe al aire libre recorría su centro. En uno de los lados largos de aquel patio, el que estaba frente a la puerta del cuartucho que ocupaba el guardia, había cinco pequeñas puertas de madera, pintadas de gris, y cerradas con unos candados que enlazaban dos arandelas. Tenían un ventanuco rectangular, cubierto por una rejilla en la parte superior de cada una de ellas. En uno de los lados cortos del patio, el que lo cerraba a la derecha, tras la única puerta abierta y sin candado, se dejaba entrever una sucia letrina.

   El policía abrió primero la celda más cercana a la letrina, pero cambió de opinión y decidió alejar a Julia de aquel olor pestilente, abriendo la que se encontraba al otro lado del patio. Todas las demás parecían estar vacías.  Esperó a que Julia entrara en la celda con una amabilidad que contrastaba con los empujones que le habían dado los de la Social tras sacarla del 1500. Y, mientras cerraba el candado, dijo:

   –Así que te llamas Julia. Yo a ti te conozco. Te examinaste del carné de conducir el mismo día que yo. Debe hacer ya como tres años, creo. Me acuerdo, porque pensé que era imposible que tuvieras los dieciocho. Y, encima, tú aprobaste y a mí me suspendieron.

   –Pues yo no me acuerdo de usted.

   –Bueno, pues me presento: me llamo Antonio. Pero si necesitas algo no me llames por mi nombre. Grita ‘guardia’, que puede ser que no sea yo el que esté en ese momento y algún compañero pensará que te he dado demasiadas confianzas. –Y, mientras cerraba el candado, sonrió, mirando a Julia a los ojos por la estrecha ventana de la parte superior de la celda, antes de dirigirse de nuevo a su periódico.”

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 26-28)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 14. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”.

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Carátula del dossier del TOP en el que aparezco procesada

A la izquierda de la página, arriba, aparece el escudo de la España franquista. Bajo él:

“Ministerio de la Gobernación

DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA

Granada, 18 de Octubre de 1975

Asunto: Remitiendo Diligencias.-

N/Refª. Bgd.Reg.Inv.Social.-R.S. 3964

S/Refª…………………………………………………

Iltmo.Sr.:

A los efectos que en justicia procedan, adjunto tengo el honor de remitir a V.I. Diligencias instruidas en la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior de Policía, por actividades subversivas, contra ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el 23-11-53 en Salamanca, hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), con domicilio en esta capital en Bda. La Encina, núm. 1-7º D y (nombre borrado con tipex), nacida el 23-11-55 en Carcasone (sic), hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), con domicilio habitual en CULLAR BAZA (Granada), carretera de Murcia, Bar (nombre borrado con tipex), y durante el periodo lectivo en Granada en C./ Ancha de la Virgen, 20-4º izqda.

Se significa a su Autoridad, que en el día de ayer se efectuó un registro a (nombre borrado con tipex) en su domicilio familiar de Cullar Baza, el que dió resultado negativo, habiéndose remitido el Acta levantada en el mismo al Iltmo. Juez de Instrucción del Partido Judicial de Baza (Granada).

Dios guarde a V.I. muchos años.

EL JEFE SUPERIOR

(firma borrada con tipex)

ILTMO. SR. MAGISTRADO JUEZ DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NUM. DOS.-

GRANADA

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es portada_comounpulso-1.jpg
Así lo cuento en Como un pulso:

En la estrecha calle a la que daba la puerta principal de la Comisaría, que no se abría a la Plaza de los Lobos, estaba aparcado un furgón policial. Julia miró su reloj Omega recién recuperado. Eran las nueve de la noche y era sábado pero la Plaza de los Lobos estaba desierta, como siempre. El gris abrió la puerta trasera del furgón y Julia salvó de un salto el alto peldaño que originaba la distancia entre el pavimento de la calle y el suelo del vehículo. Dentro, hecha un ovillo, en uno de los rincones más lejanos a la puerta, estaba Dolomitas mirando fijamente al suelo. Julia se apresuró a darle un abrazo. Dolomitas se encogió aún más y ocultó su cara en el regazo de Julia, sin atreverse a mostrarle los ojos. Estaba llorando. No te preocupes, que ya lo sé. No llores. Es normal, no pasa nada. ¿Te han pegado? De la boca de Dolomitas salió un tímido no, acompañado de un enérgico movimiento negativo con la cabeza, que hizo que su rostro golpeara con fuerza el vientre de Julia. Y empezó a llorar más fuerte, con lo que su llanto superó sus ojos y se encaramó a su espalda como la ola que, al romper, genera un torbellino de arena y guijarros en la playa. Dolomitas no volvió a decir nada en todo el trayecto. No te preocupes, no pasa nada, es normal, continuó Julia con su letanía. Y el movimiento de los hombros de Dolomitas que acompañaba sus gemidos se fue diluyendo en las palmas de las manos de Julia.

   Cuando el furgón aminoró la marcha para estacionar ante la Audiencia Provincial, sobre el enlosado gris y blanco de Plaza Nueva, la espalda de Dolomitas se movía ya con la regularidad de una respiración que parecía querer pasar desapercibida y Julia tuvo tiempo de decirle, antes de que las bajaran, tomándola de los brazos: Mírame, Dolo. Tranquilízate y recuerda que tienes que negar ante el juez todo lo que has dicho en comisaría. Es fácil. Diles que has declarado todas esas cosas porque estabas nerviosa y tenías mucho miedo. Que te amenazaban con tenerte más días en comisaría si no firmabas. Que por eso has firmado todo lo que ellos han escrito en tu declaración. Para que te dejaran marchar. Dolomitas asintió, liberó sus brazos de las manos de Julia y esbozó una ligera sonrisa mientras se secaba con las dos manos las últimas lágrimas, que habían quedado enganchadas a sus mejillas. Se dieron un beso y se giraron para bajar del furgón. 

Dolores fue la primera en entrar a declarar ante el juez. Mientras, Julia permaneció sentada en un largo banco de madera oscura adornado con motivos escultóricos de conquistadores y animales monstruosos. Ella no podía saber que era el mismo banco en el que había estado sentado Roberto tres días antes.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama 2020, páginas 113-114)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 13. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”.

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Carátula del dossier del TOP en el que aparezco como procesada

“PROVIDENCIA.- Juez:

Ilmo. Sr.

En la ciudad de Granada a diez y seis de octubre de mi novecientos setenta y cinco.

Por verificada la anterior comparecencia. Líbrese atento oficio al Sr. Jefe Superior de Policía, con carácter urgente, a fin de que se adopten todas las medidas que sean precisas, somentiendo a la detenida a la correspondiente vigilancia médica, para atender a su salud y al proceso normal de su estado de gravidez.

Lo provee y firma S. Sª Ilma. doy fe.

(dos firmas manuscritas parcialmente borradas con tipex)

DILIGENCIA.- Seguidamente se cumple, doy fe (firma manuscrita)

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es portada_comounpulso-1.jpg

Así lo cuento en Como un pulso:

Roberto se puso en pie y empezó a caminar. Julia, ¿estás bien?, ¿piensas en mí?, ¿o estás pensando en Simón? Voy a querer a este hijo, te lo prometo, murmuró.

   Cuando estaba ya cerca del despacho de los abogados pensó que Fernández Aceytuno estaría contento: el texto de la comparecencia era casi idéntico al que el abogado le había entregado hacía una hora.  

Mientras tanto, en el juzgado número 1, la funcionaria de las largas uñas pintadas de rojo, tecleaba sobre la Olivetti el texto que le dictaba el secretario judicial:

“PROVIDENCIA.- En la Ciudad de Granada a diez y seis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Por verificada la anterior comparecencia, líbrese atento oficio al Sr. Jefe Superior de Policía, con carácter urgente, a fin de que se adopten todas las medidas que sean precisas, sometiendo a la detenida a la correspondiente vigilancia médica, para atender a su salud y al proceso normal de su estado de gravidez. Lo provee y firma S. Sª Ilustrísima. Doy fe.”

   Cuando Roberto llegó al despacho laboralista, la sala de espera se había vaciado y fue Sena el que le entregó el escrito preparado para la recuperación del coche, porque Aceituno había salido a comer algo.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 75-76)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 12. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”

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Carátula del dossier del TOP en el que aparezco como procesada

COMPARECENCIA.- En Granada a dieciséis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Ante S. Sª Ilma. con mi asistencia el Secretario, comparece D. (nombre borrado con tipex), titular del Documento Nacional de Identidad número , nacido en el de de , hijo de y , Médico, vecino de con domicilio en calle número , y previo juramento que presta en forma, dice: Que su esposa Dª. Isabel Alonso Dávila, fue detenida por la Policía el viernes pasado día diez del mes en curso, y desde entonces continua en los calabozos de la Comisaría, y como su dicha esposa se encuentra embarazada y casi en el quinto mes de gestación, y ha sido llevada al Hospital de San Juan de Dios por Inspectores de la Policía para ser reconocida a causa de haberse sentido con dolores de espalda y sangrado, tiene el temor de que pueda sucederle algún aborto u otros males por no tener los cuidados que requiere su estado, en razón a lo cual lo pone en conocimiento del Juzgado a fin de que se tomen las medidas oportunas, y se puedan cumplir las recomendaciones del Médico que le asistió en dicho Hospital.-

Esto expresa y en su contenido se afirma y ratifica y firma con S. Sª. Iltma. doy fe.-

(tres firmas semiborradas con tipex)

Y así recojo este documento en Como un pulso:

También sabía Fernández Aceituno que a Roberto lo habían soltado esa mañana y estaba enterado del embarazo de Julia. Tenía conocimiento, incluso, de algo que Roberto no sabía: Julia había sido llevada al Hospital de San Juan de Dios para un examen ginecológico y el médico que la había atendido, muy buena persona, dijo Aceituno, se había pasado por el despacho la tarde anterior y le había contado cómo había ido la cosa.

   –Me viene fenomenal que hayas venido, Roberto, porque tienes que comparecer inmediatamente ante el juez de guardia. He preparado, esta mañana, en cuanto he sabido que te habían soltado, un escrito para que lo presentes. Si no te dejan presentarlo, les pides hacer una declaración. Mira. Aquí lo tienes. Luego te pasas de nuevo por aquí y arreglamos lo del coche.

   Roberto se dirigió a Plaza Nueva. Aquel día no se entretuvo en admirar la fachada barroca de la Audiencia Provincial, con sus frontones partidos y su balcón principal, ni tampoco percibió lo que siempre le comentaba Julia: que la curiosa forma de triángulo isósceles que hacía la Plaza, muy barroca, según ella, le permitía encajarse, en el lado más estrecho, en la carrera del Darro, ayudada por las líneas de fuga que dibujaba el embaldosado de mármol y que contribuían a subrayar la extraña forma de la plaza. Sin mirar, sin pensar, se dirigió directamente hacia el enorme portón de madera tallada que parecía blindar aquel edificio. Dos grises estaban apostados a los lados de la puerta: Vengo a presentar un escrito al Juzgado número uno, les dijo. Después de enseñarles su DNI, le dejaron pasar, abriendo una puerta minúscula en el enorme portón e indicándole que tenía que subir a la primera planta y girar, al final de la escalera, a la derecha, donde encontraría el juzgado que estaba buscando, a la izquierda del pasillo.

   Cuando, tras inclinarse para poder pasar por la puerta, se vio dentro, Roberto se dio cuenta de que nunca antes había estado en el interior de aquel edificio, pero tampoco se entretuvo en admirar la escalinata de mármol blanco que se encontraba al final del enorme zaguán. Superada la escalinata y el pasillo, llegó a la puerta del número uno, golpeó con los nudillos y una voz femenina contestó desde dentro con un adelante que sonó a repetido más de mil veces. Roberto se dirigió a la funcionaria, que no dejó de escribir a máquina en una Olivetti tan grande que parecía que se iba a desbordar de la pequeña mesa metálica sobre la que se apoyaba:

   –Vengo a presentar un escrito. –La funcionaria le pidió el DNI y el escrito.

   –Tome asiento en aquel banco, por favor –dijo, mientras señalaba con el índice completamente estirado el sobrio mueble que se encontraba apoyado en la pared de enfrente y descolgaba con la mano izquierda un teléfono color crema. Marcó dos números cortos haciendo girar con la uña del dedo índice de la mano derecha el dial transparente, con lo que produjo un ruido apagado, como de plástico contra plástico, que a Roberto le molestó. No soportaba a las funcionarias que parecían dedicar más tiempo a ir a la peluquería y hacerse la manicura que a hacer bien su trabajo.    

–Señor Secretario, tengo aquí a un joven, Don Roberto Climent Domenech, que comparece para presentar un escrito o hacer una declaración –dijo la funcionaria, dibujando con el carmín de los labios cada una de las vocales de la frase. Y colgó el teléfono sin decir nada más.

   Roberto comprendió que la espera podía ser bastante larga y, después de admirar el suelo hidráulico, decorado con un enorme dibujo geométrico en tonos granates, verdes y azules, se puso a repasar el escrito de Fernández Aceituno. Cuando habrían pasado unos diez minutos, salió el secretario del juzgado y le hizo pasar al despacho del juez. Tras un buenos días protocolario, Roberto intentó entregar el escrito que Aceituno había preparado. No, no, nada de escritos. Este letrado piensa que nos va a poder tener aquí todo el día archivando papeles. Si quiere usted declarar algo, tendrá que ser oralmente. A ver, dígame. Roberto vomitó el contenido del escrito siguiéndolo casi al pie de letra y, media hora más tarde, estaba de nuevo en la calle con una copia del documento que había redactado el secretario judicial y habían firmado, además de él mismo, el juez y Roberto. Ya en la plaza, se sentó en un banco y leyó:

  “COMPARECENCIA.– En Granada, a dieciséis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Ante S. Sª. Ilma.. Con mi asistencia el Secretario, comparece D. Roberto Climent Domenech, titular del Documento Nacional de Identidad número 20.875.983, nacido en Denia, el 12 de octubre de 1951, hijo de Roberto y Marina, médico, vecino de Denia con domicilio en la calle Mayor número 11 y, previo juramento que presta en forma, dice: que su esposa, Dª Julia Ávila Sanz, fue detenida por la policía el viernes pasado, día diez del mes en curso, y desde entonces continúa en los calabozos de la Comisaría y, como su dicha esposa se encuentra embarazada y casi en el quinto mes de gestación, y  ha sido llevada al Hospital de San Juan de Dios por Inspectores de la Policía para ser reconocida a causa de haberse sentido con dolores en la espalda y sangrado, tiene el temor de que pueda sucederle algún aborto u otros males por no tener los cuidados que requiere su estado, en razón a lo cual lo pone en conocimiento del Juzgado a fin de que se tomen las medidas oportunas, y se puedan cumplir las recomendaciones del Médico que la asistió en dicho Hospital. Esto expresa y en su contenido se afirma y ratifica y firma con S. Sª. Iltma. Doy fe.-“.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 72-75)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 11. Y cómo lo recojo en “Como un pulso”.

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Carátula del dossier del TOP en el que aparezco procesada

“PROVIDENCIA.- Juez:

Ilmo. Sr. (borrado con tipex). En la Ciudad de Granada a quince de octubre de mil novecientos setenta y cinco.

Por recibida la precedente comunicación que se unirá a los autors de su razón. Visto su contenido y las razones alegadas y de conformidad con el artículo trece del Decreto Ley de veintiséis de agosto de mil novecientos setenta y cinco, se autoriza la prórroga del plazo para entregar los detenidos (borrado con tipex) e Isabel Alonso Dávila por el tiempo indispensable para ultimar las investigaciones que se vienen efectuando, sin que pueda exceder de diez días a contar de la fecha de la detención. Particípese por atento oficio al Sr. Jefe Superior de Policía.

Lo provee y firma S. Sª Ilma. doy fe.

(firma semiborrada con tipex)

DILIGENCIA.- Seguidamente se cumple, doy fe. ”

Así recojo en Como un pulso lo que supuso el alargamiento de mis días de detención pasadas las 72 horas:

Al final del tercer día, Julia tuvo claro que la iban a tener allí más de setenta y dos horas. A ver si no por qué no me han subido a declarar todavía ni una sola vez –pensó– y me tienen en esta pocilga y sin poderme lavar. Quieren que llegue bien degradada al interrogatorio, sucia y maloliente, desanimada y débil. Joder, joder. Seguro que han conseguido que el juez me aplique la Ley Antiterrorista. A mí, militante de un partido que no utiliza la violencia, que está por la reconciliación nacional, por la lucha de masas. Está claro que estos jueces fascistas están al servicio del régimen y de la policía: viva la separación de poderes, joder. Me gustaría tener aquí delante a aquel conferenciante francés, llegado de Bruselas, tan repeinado, con su traje de sastrería cara y su corbata azul europeo, que vino a contarnos a la Facultad lo bueno que sería para España superar el marco del Acuerdo Preferencial de 1970 y caminar hacia la integración plena en el Mercado Común. Así podría ver en esta celda a la estudiante que levantó la mano para hacerle la pregunta obvia, la que todo el mundo estaba pensando y nadie se atrevía a hacer: que si él pensaba que España podría entrar en el Mercado Común siendo una dictadura, cuando los tratados de adhesión decían claramente que sólo Estados de derecho podían ser miembros. En ese momento, el enfado de Julia dentro de la celda, que había ido in crescendo, se amortiguó al recordar la suave mano de Simón descansando sobre la suya cuando se sentó tras hacer la pregunta al funcionario europeo. Pero enseguida volvió a alterarse: Que venga ahora aquí ese francés, tan educadito y tan tranquilito, y que me diga si esto es un Estado de derecho, cuando ni siquiera les bastan las leyes de la dictadura y tienen que ir proclamando estados de excepción cada dos por tres y aplicando leyes antiterroristas a personas que no hemos participado en un acto de violencia en la vida. No hay derecho.   

Julia se dio cuenta de que las tres últimas palabras las había dicho en alto y pensó que estaba empezando a perder los nervios.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 42-43)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 10. Más cómo lo recojo en “Como un pulso”.

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Carátula del dossier del TOP donde aparezco como procesada

A la izquierda aparece un membrete con el escudo de España franquista. Bajo él, escrito:

Ministerio de la Gobernación

DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA

“Granada, 15 de Octubre de 1975

Asunto: Solicitando prórroga estancia esta Jefatura Superior de las detenidas ISABEL ALONSO DÁVILA y (borrado en la fotocopia) y comunicando puesta en libertad de (borrado en la fotocopia).N/Refª Bgdª Reg. Inv. Social R.S. nº 3948.

S/ Refª

Iltmo. señor:

De conformidad con lo dispuesto en el artículo 13 del Decreto-Ley 10-75 de 26 de agosto, sobre prevención del terrorismo, tengo el honor de solicitar a V.I. autorización para que se prorrogue la estancia en esta Jefatura Superior de Policía de los detenidos:

ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el 23-11-53 en Salamanca, hija de (borrado en la fotocopia) y de (borrado en la fotocopia), Licenciada en Filosofía y Letras, casada, con domicilio en esta capital, en Barriada La Encina nº 1-7ºD.

(Borrado en la fotocopia), nacida el 23-11-1955 en Carcasone (sic) (Francia), hija de (borrado en la fotocopia) y de (borrado en la fotocopia), soltera, estudiante de Ciencias Exactas, con domicilio en esta capital, Ancha de la Virgen nº 20-4º-izq.

Las mismas se encuentran en esta Dependencia desde las 21 horas y 19,55 horas, respectivamente, del día 10 de los corrientes, y de cuya detención se dió cuenta a su Autoridad en escrito nº 3928 de fecha 13-10-75. (Es el escrito que está recogido en la anterior entrada de este blog).

Las reseñadas, según las manifestaciones de otros implicados y la investigación que al efecto se realiza, aparecen como unas de las responsables de los delitos previstos en el repetido Decreto-ley, considerándose sus declaraciones, y por consiguiente su prórroga de detención, fundamentales e imprescindibles, para llevar a cabo la investigación, que culmine en la desarticulación del grupo extremista en que están encuadradas.

Igualmente se participa a su Autoridad que a las 17,30 horas del día de hoy, ha sido puesto en libertad, por no aparecer de momento, cargos contra el mismo (borrado en la fotocopia), nacido el 13-10-51 en Gandía (Valencia), hijo de (borrado en la fotocopia) y de (borrado en la fotocopia), Médico, casado, con domicilio en Barriada de la Encina nº 1-7-D, de esta capital, y de cuya detención se dió cuenta a V.I. en el escrito que se cita anteriormente.

Dios guarde a V.I. muchos años,

EL JEFE SUPERIOR

P.D. El inspector de servicio

(firma borrada en la fotocopia)

ILTMO. SR. MAGISTRADO JUEZ DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NÚMERO DOS.

GRANADA

Aquí tenéis un fragmento de “Como un pulso” en el que recojo la prórroga de la estancia en comisaría:

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“Al final del tercer día, Julia tuvo claro que la iban a tener allí más de setenta y dos horas. A ver si no por qué no me han subido a declarar todavía ni una sola vez –pensó– y me tienen en esta pocilga y sin poderme lavar. Quieren que llegue bien degradada al interrogatorio, sucia y maloliente, desanimada y débil. Joder, joder. Seguro que han conseguido que el juez me aplique la Ley Antiterrorista. A mí, militante de un partido que no utiliza la violencia, que está por la reconciliación nacional, por la lucha de masas. Está claro que estos jueces fascistas están al servicio del régimen y de la policía: viva la separación de poderes, joder. Me gustaría tener aquí delante a aquel conferenciante francés, llegado de Bruselas, tan repeinado, con su traje de sastrería cara y su corbata azul europeo, que vino a contarnos a la Facultad lo bueno que sería para España superar el marco del Acuerdo Preferencial de 1970 y caminar hacia la integración plena en el Mercado Común. Así podría ver en esta celda a la estudiante que levantó la mano para hacerle la pregunta obvia, la que todo el mundo estaba pensando y nadie se atrevía a hacer: que si él pensaba que España podría entrar en el Mercado Común siendo una dictadura, cuando los tratados de adhesión decían claramente que sólo Estados de derecho podían ser miembros. En ese momento, el enfado de Julia dentro de la celda, que había ido in crescendo, se amortiguó al recordar la suave mano de Simón descansando sobre la suya cuando se sentó tras hacer la pregunta al funcionario europeo. Pero enseguida volvió a alterarse: Que venga ahora aquí ese francés, tan educadito y tan tranquilito, y que me diga si esto es un Estado de derecho, cuando ni siquiera les bastan las leyes de la dictadura y tienen que ir proclamando estados de excepción cada dos por tres y aplicando leyes antiterroristas a personas que no hemos participado en un acto de violencia en la vida. No hay derecho.  Julia se dio cuenta de que las tres últimas palabras las había dicho en alto y pensó que estaba empezando a perder los nervios.”