“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 14. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”.

A la izquierda de la página, arriba, aparece el escudo de la España franquista. Bajo él:

“Ministerio de la Gobernación

DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA

Granada, 18 de Octubre de 1975

Asunto: Remitiendo Diligencias.-

N/Refª. Bgd.Reg.Inv.Social.-R.S. 3964

S/Refª…………………………………………………

Iltmo.Sr.:

A los efectos que en justicia procedan, adjunto tengo el honor de remitir a V.I. Diligencias instruidas en la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior de Policía, por actividades subversivas, contra ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el 23-11-53 en Salamanca, hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), con domicilio en esta capital en Bda. La Encina, núm. 1-7º D y (nombre borrado con tipex), nacida el 23-11-55 en Carcasone (sic), hija de (nombre borrado con tipex) y (nombre borrado con tipex), con domicilio habitual en CULLAR BAZA (Granada), carretera de Murcia, Bar (nombre borrado con tipex), y durante el periodo lectivo en Granada en C./ Ancha de la Virgen, 20-4º izqda.

Se significa a su Autoridad, que en el día de ayer se efectuó un registro a (nombre borrado con tipex) en su domicilio familiar de Cullar Baza, el que dió resultado negativo, habiéndose remitido el Acta levantada en el mismo al Iltmo. Juez de Instrucción del Partido Judicial de Baza (Granada).

Dios guarde a V.I. muchos años.

EL JEFE SUPERIOR

(firma borrada con tipex)

ILTMO. SR. MAGISTRADO JUEZ DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NUM. DOS.-

GRANADA

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Así lo cuento en Como un pulso:

En la estrecha calle a la que daba la puerta principal de la Comisaría, que no se abría a la Plaza de los Lobos, estaba aparcado un furgón policial. Julia miró su reloj Omega recién recuperado. Eran las nueve de la noche y era sábado pero la Plaza de los Lobos estaba desierta, como siempre. El gris abrió la puerta trasera del furgón y Julia salvó de un salto el alto peldaño que originaba la distancia entre el pavimento de la calle y el suelo del vehículo. Dentro, hecha un ovillo, en uno de los rincones más lejanos a la puerta, estaba Dolomitas mirando fijamente al suelo. Julia se apresuró a darle un abrazo. Dolomitas se encogió aún más y ocultó su cara en el regazo de Julia, sin atreverse a mostrarle los ojos. Estaba llorando. No te preocupes, que ya lo sé. No llores. Es normal, no pasa nada. ¿Te han pegado? De la boca de Dolomitas salió un tímido no, acompañado de un enérgico movimiento negativo con la cabeza, que hizo que su rostro golpeara con fuerza el vientre de Julia. Y empezó a llorar más fuerte, con lo que su llanto superó sus ojos y se encaramó a su espalda como la ola que, al romper, genera un torbellino de arena y guijarros en la playa. Dolomitas no volvió a decir nada en todo el trayecto. No te preocupes, no pasa nada, es normal, continuó Julia con su letanía. Y el movimiento de los hombros de Dolomitas que acompañaba sus gemidos se fue diluyendo en las palmas de las manos de Julia.

   Cuando el furgón aminoró la marcha para estacionar ante la Audiencia Provincial, sobre el enlosado gris y blanco de Plaza Nueva, la espalda de Dolomitas se movía ya con la regularidad de una respiración que parecía querer pasar desapercibida y Julia tuvo tiempo de decirle, antes de que las bajaran, tomándola de los brazos: Mírame, Dolo. Tranquilízate y recuerda que tienes que negar ante el juez todo lo que has dicho en comisaría. Es fácil. Diles que has declarado todas esas cosas porque estabas nerviosa y tenías mucho miedo. Que te amenazaban con tenerte más días en comisaría si no firmabas. Que por eso has firmado todo lo que ellos han escrito en tu declaración. Para que te dejaran marchar. Dolomitas asintió, liberó sus brazos de las manos de Julia y esbozó una ligera sonrisa mientras se secaba con las dos manos las últimas lágrimas, que habían quedado enganchadas a sus mejillas. Se dieron un beso y se giraron para bajar del furgón. 

Dolores fue la primera en entrar a declarar ante el juez. Mientras, Julia permaneció sentada en un largo banco de madera oscura adornado con motivos escultóricos de conquistadores y animales monstruosos. Ella no podía saber que era el mismo banco en el que había estado sentado Roberto tres días antes.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama 2020, páginas 113-114)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 13. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”.

“PROVIDENCIA.- Juez:

Ilmo. Sr.

En la ciudad de Granada a diez y seis de octubre de mi novecientos setenta y cinco.

Por verificada la anterior comparecencia. Líbrese atento oficio al Sr. Jefe Superior de Policía, con carácter urgente, a fin de que se adopten todas las medidas que sean precisas, somentiendo a la detenida a la correspondiente vigilancia médica, para atender a su salud y al proceso normal de su estado de gravidez.

Lo provee y firma S. Sª Ilma. doy fe.

(dos firmas manuscritas parcialmente borradas con tipex)

DILIGENCIA.- Seguidamente se cumple, doy fe (firma manuscrita)

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es portada_comounpulso-1.jpg

Así lo cuento en Como un pulso:

Roberto se puso en pie y empezó a caminar. Julia, ¿estás bien?, ¿piensas en mí?, ¿o estás pensando en Simón? Voy a querer a este hijo, te lo prometo, murmuró.

   Cuando estaba ya cerca del despacho de los abogados pensó que Fernández Aceytuno estaría contento: el texto de la comparecencia era casi idéntico al que el abogado le había entregado hacía una hora.  

Mientras tanto, en el juzgado número 1, la funcionaria de las largas uñas pintadas de rojo, tecleaba sobre la Olivetti el texto que le dictaba el secretario judicial:

“PROVIDENCIA.- En la Ciudad de Granada a diez y seis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Por verificada la anterior comparecencia, líbrese atento oficio al Sr. Jefe Superior de Policía, con carácter urgente, a fin de que se adopten todas las medidas que sean precisas, sometiendo a la detenida a la correspondiente vigilancia médica, para atender a su salud y al proceso normal de su estado de gravidez. Lo provee y firma S. Sª Ilustrísima. Doy fe.”

   Cuando Roberto llegó al despacho laboralista, la sala de espera se había vaciado y fue Sena el que le entregó el escrito preparado para la recuperación del coche, porque Aceituno había salido a comer algo.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 75-76)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 12. Y cómo lo cuento en “Como un pulso”

COMPARECENCIA.- En Granada a dieciseis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Ante S. Sª Ilma. con mi asistencia el Secretario, comparece D. (nombre borrado con tipex), titular del Documento Nacional de Identidad número , nacido en el de de , hijo de y , Médico, vecino de con domicilio en calle número , y previo juramento que presta en forma, dice: Que su esposa Dª. Isabel Alonso Dávila, fue detenida por la Policía el viernes pasado día diez del mes en curso, y desde entonces continua en los calabozos de la Comisaría, y como su dicha esposa se encuentra embarazada y casi en el quinto mes de gestación, y ha sido llevada al Hospital de San Juan de Dios por Inspectores de la Policía para ser reconocida a causa de haberse sentido con dolores de espalda y sangrado, tiene el temor de que pueda sucederle algún aborto u otros males por no tener los cuidados que requiere su estado, en razón a lo cual lo pone en conocimiento del Juzgado a fin de que se tomen las medidas oportunas, y se puedan cumplir las recomendaciones del Médico que le asistió en dicho Hospital.-

Esto expresa y en su contenido se afirma y ratifica y firma con S. Sª. Iltma. doy fe.-

(tres firmas semiborradas con tipex)

Y así recojo este documento en Como un pulso:

También sabía Fernández Aceituno que a Roberto lo habían soltado esa mañana y estaba enterado del embarazo de Julia. Tenía conocimiento, incluso, de algo que Roberto no sabía: Julia había sido llevada al Hospital de San Juan de Dios para un examen ginecológico y el médico que la había atendido, muy buena persona, dijo Aceituno, se había pasado por el despacho la tarde anterior y le había contado cómo había ido la cosa.

   –Me viene fenomenal que hayas venido, Roberto, porque tienes que comparecer inmediatamente ante el juez de guardia. He preparado, esta mañana, en cuanto he sabido que te habían soltado, un escrito para que lo presentes. Si no te dejan presentarlo, les pides hacer una declaración. Mira. Aquí lo tienes. Luego te pasas de nuevo por aquí y arreglamos lo del coche.

   Roberto se dirigió a Plaza Nueva. Aquel día no se entretuvo en admirar la fachada barroca de la Audiencia Provincial, con sus frontones partidos y su balcón principal, ni tampoco percibió lo que siempre le comentaba Julia: que la curiosa forma de triángulo isósceles que hacía la Plaza, muy barroca, según ella, le permitía encajarse, en el lado más estrecho, en la carrera del Darro, ayudada por las líneas de fuga que dibujaba el embaldosado de mármol y que contribuían a subrayar la extraña forma de la plaza. Sin mirar, sin pensar, se dirigió directamente hacia el enorme portón de madera tallada que parecía blindar aquel edificio. Dos grises estaban apostados a los lados de la puerta: Vengo a presentar un escrito al Juzgado número uno, les dijo. Después de enseñarles su DNI, le dejaron pasar, abriendo una puerta minúscula en el enorme portón e indicándole que tenía que subir a la primera planta y girar, al final de la escalera, a la derecha, donde encontraría el juzgado que estaba buscando, a la izquierda del pasillo.

   Cuando, tras inclinarse para poder pasar por la puerta, se vio dentro, Roberto se dio cuenta de que nunca antes había estado en el interior de aquel edificio, pero tampoco se entretuvo en admirar la escalinata de mármol blanco que se encontraba al final del enorme zaguán. Superada la escalinata y el pasillo, llegó a la puerta del número uno, golpeó con los nudillos y una voz femenina contestó desde dentro con un adelante que sonó a repetido más de mil veces. Roberto se dirigió a la funcionaria, que no dejó de escribir a máquina en una Olivetti tan grande que parecía que se iba a desbordar de la pequeña mesa metálica sobre la que se apoyaba:

   –Vengo a presentar un escrito. –La funcionaria le pidió el DNI y el escrito.

   –Tome asiento en aquel banco, por favor –dijo, mientras señalaba con el índice completamente estirado el sobrio mueble que se encontraba apoyado en la pared de enfrente y descolgaba con la mano izquierda un teléfono color crema. Marcó dos números cortos haciendo girar con la uña del dedo índice de la mano derecha el dial transparente, con lo que produjo un ruido apagado, como de plástico contra plástico, que a Roberto le molestó. No soportaba a las funcionarias que parecían dedicar más tiempo a ir a la peluquería y hacerse la manicura que a hacer bien su trabajo.    

–Señor Secretario, tengo aquí a un joven, Don Roberto Climent Domenech, que comparece para presentar un escrito o hacer una declaración –dijo la funcionaria, dibujando con el carmín de los labios cada una de las vocales de la frase. Y colgó el teléfono sin decir nada más.

   Roberto comprendió que la espera podía ser bastante larga y, después de admirar el suelo hidráulico, decorado con un enorme dibujo geométrico en tonos granates, verdes y azules, se puso a repasar el escrito de Fernández Aceituno. Cuando habrían pasado unos diez minutos, salió el secretario del juzgado y le hizo pasar al despacho del juez. Tras un buenos días protocolario, Roberto intentó entregar el escrito que Aceituno había preparado. No, no, nada de escritos. Este letrado piensa que nos va a poder tener aquí todo el día archivando papeles. Si quiere usted declarar algo, tendrá que ser oralmente. A ver, dígame. Roberto vomitó el contenido del escrito siguiéndolo casi al pie de letra y, media hora más tarde, estaba de nuevo en la calle con una copia del documento que había redactado el secretario judicial y habían firmado, además de él mismo, el juez y Roberto. Ya en la plaza, se sentó en un banco y leyó:

  “COMPARECENCIA.– En Granada, a dieciséis de octubre de mil novecientos setenta y cinco. Ante S. Sª. Ilma.. Con mi asistencia el Secretario, comparece D. Roberto Climent Domenech, titular del Documento Nacional de Identidad número 20.875.983, nacido en Denia, el 12 de octubre de 1951, hijo de Roberto y Marina, médico, vecino de Denia con domicilio en la calle Mayor número 11 y, previo juramento que presta en forma, dice: que su esposa, Dª Julia Ávila Sanz, fue detenida por la policía el viernes pasado, día diez del mes en curso, y desde entonces continúa en los calabozos de la Comisaría y, como su dicha esposa se encuentra embarazada y casi en el quinto mes de gestación, y  ha sido llevada al Hospital de San Juan de Dios por Inspectores de la Policía para ser reconocida a causa de haberse sentido con dolores en la espalda y sangrado, tiene el temor de que pueda sucederle algún aborto u otros males por no tener los cuidados que requiere su estado, en razón a lo cual lo pone en conocimiento del Juzgado a fin de que se tomen las medidas oportunas, y se puedan cumplir las recomendaciones del Médico que la asistió en dicho Hospital. Esto expresa y en su contenido se afirma y ratifica y firma con S. Sª. Iltma. Doy fe.-“.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 72-75)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 11. Y cómo lo recojo en “Como un pulso”.

“PROVIDENCIA.- Juez:

Ilmo. Sr. (borrado con tipex). En la Ciudad de Granada a quince de octubre de mil novecientos setenta y cinco.

Por recibida la precedente comunicación que se unirá a los autors de su razón. Visto su contenido y las razones alegadas y de conformidad con el artículo trece del Decreto Ley de veintiséis de agosto de mil novecientos setenta y cinco, se autoriza la prórroga del plazo para entregar los detenidos (borrado con tipex) e Isabel Alonso Dávila por el tiempo indispensable para ultimar las investigaciones que se vienen efectuando, sin que pueda exceder de diez días a contar de la fecha de la detención. Particípese por atento oficio al Sr. Jefe Superior de Policía.

Lo provee y firma S. Sª Ilma. doy fe.

(firma semiborrada con tipex)

DILIGENCIA.- Seguidamente se cumple, doy fe. ”

Así recojo en Como un pulso lo que supuso el alargamiento de mis días de detención pasadas las 72 horas:

Al final del tercer día, Julia tuvo claro que la iban a tener allí más de setenta y dos horas. A ver si no por qué no me han subido a declarar todavía ni una sola vez –pensó– y me tienen en esta pocilga y sin poderme lavar. Quieren que llegue bien degradada al interrogatorio, sucia y maloliente, desanimada y débil. Joder, joder. Seguro que han conseguido que el juez me aplique la Ley Antiterrorista. A mí, militante de un partido que no utiliza la violencia, que está por la reconciliación nacional, por la lucha de masas. Está claro que estos jueces fascistas están al servicio del régimen y de la policía: viva la separación de poderes, joder. Me gustaría tener aquí delante a aquel conferenciante francés, llegado de Bruselas, tan repeinado, con su traje de sastrería cara y su corbata azul europeo, que vino a contarnos a la Facultad lo bueno que sería para España superar el marco del Acuerdo Preferencial de 1970 y caminar hacia la integración plena en el Mercado Común. Así podría ver en esta celda a la estudiante que levantó la mano para hacerle la pregunta obvia, la que todo el mundo estaba pensando y nadie se atrevía a hacer: que si él pensaba que España podría entrar en el Mercado Común siendo una dictadura, cuando los tratados de adhesión decían claramente que sólo Estados de derecho podían ser miembros. En ese momento, el enfado de Julia dentro de la celda, que había ido in crescendo, se amortiguó al recordar la suave mano de Simón descansando sobre la suya cuando se sentó tras hacer la pregunta al funcionario europeo. Pero enseguida volvió a alterarse: Que venga ahora aquí ese francés, tan educadito y tan tranquilito, y que me diga si esto es un Estado de derecho, cuando ni siquiera les bastan las leyes de la dictadura y tienen que ir proclamando estados de excepción cada dos por tres y aplicando leyes antiterroristas a personas que no hemos participado en un acto de violencia en la vida. No hay derecho.   

Julia se dio cuenta de que las tres últimas palabras las había dicho en alto y pensó que estaba empezando a perder los nervios.

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, 2020, páginas 42-43)

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 10. Más cómo lo recojo en “Como un pulso”.

A la izquierda aparece un membrete con el escudo de España franquista. Bajo él, escrito:

Ministerio de la Gobernación

DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA

“Granada, 15 de Octubre de 1975

Asunto: Solicitando prórroga estancia esta Jefatura Superior de las detenidas ISABEL ALONSO DÁVILA y (borrado en la fotocopia) y comunicando puesta en libertad de (borrado en la fotocopia).N/Refª Bgdª Reg. Inv. Social R.S. nº 3948.

S/ Refª

Iltmo. señor:

De conformidad con lo dispuesto en el artículo 13 del Decreto-Ley 10-75 de 26 de agosto, sobre prevención del terrorismo, tengo el honor de solicitar a V.I. autorización para que se prorrogue la estancia en esta Jefatura Superior de Policía de los detenidos:

ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el 23-11-53 en Salamanca, hija de (borrado en la fotocopia) y de (borrado en la fotocopia), Licenciada en Filosofía y Letras, casada, con domicilio en esta capital, en Barriada La Encina nº 1-7ºD.

(Borrado en la fotocopia), nacida el 23-11-1955 en Carcasone (sic) (Francia), hija de (borrado en la fotocopia) y de (borrado en la fotocopia), soltera, estudiante de Ciencias Exactas, con domicilio en esta capital, Ancha de la Virgen nº 20-4º-izq.

Las mismas se encuentran en esta Dependencia desde las 21 horas y 19,55 horas, respectivamente, del día 10 de los corrientes, y de cuya detención se dió cuenta a su Autoridad en escrito nº 3928 de fecha 13-10-75. (Es el escrito que está recogido en la anterior entrada de este blog).

Las reseñadas, según las manifestaciones de otros implicados y la investigación que al efecto se realiza, aparecen como unas de las responsables de los delitos previstos en el repetido Decreto-ley, considerándose sus declaraciones, y por consiguiente su prórroga de detención, fundamentales e imprescindibles, para llevar a cabo la investigación, que culmine en la desarticulación del grupo extremista en que están encuadradas.

Igualmente se participa a su Autoridad que a las 17,30 horas del día de hoy, ha sido puesto en libertad, por no aparecer de momento, cargos contra el mismo (borrado en la fotocopia), nacido el 13-10-51 en Gandía (Valencia), hijo de (borrado en la fotocopia) y de (borrado en la fotocopia), Médico, casado, con domicilio en Barriada de la Encina nº 1-7-D, de esta capital, y de cuya detención se dió cuenta a V.I. en el escrito que se cita anteriormente.

Dios guarde a V.I. muchos años,

EL JEFE SUPERIOR

P.D. El inspector de servicio

(firma borrada en la fotocopia)

ILTMO. SR. MAGISTRADO JUEZ DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NÚMERO DOS.

GRANADA

Aquí tenéis un fragmento de “Como un pulso” en el que recojo la prórroga de la estancia en comisaría:

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es portada_comounpulso.jpg

“Al final del tercer día, Julia tuvo claro que la iban a tener allí más de setenta y dos horas. A ver si no por qué no me han subido a declarar todavía ni una sola vez –pensó– y me tienen en esta pocilga y sin poderme lavar. Quieren que llegue bien degradada al interrogatorio, sucia y maloliente, desanimada y débil. Joder, joder. Seguro que han conseguido que el juez me aplique la Ley Antiterrorista. A mí, militante de un partido que no utiliza la violencia, que está por la reconciliación nacional, por la lucha de masas. Está claro que estos jueces fascistas están al servicio del régimen y de la policía: viva la separación de poderes, joder. Me gustaría tener aquí delante a aquel conferenciante francés, llegado de Bruselas, tan repeinado, con su traje de sastrería cara y su corbata azul europeo, que vino a contarnos a la Facultad lo bueno que sería para España superar el marco del Acuerdo Preferencial de 1970 y caminar hacia la integración plena en el Mercado Común. Así podría ver en esta celda a la estudiante que levantó la mano para hacerle la pregunta obvia, la que todo el mundo estaba pensando y nadie se atrevía a hacer: que si él pensaba que España podría entrar en el Mercado Común siendo una dictadura, cuando los tratados de adhesión decían claramente que sólo Estados de derecho podían ser miembros. En ese momento, el enfado de Julia dentro de la celda, que había ido in crescendo, se amortiguó al recordar la suave mano de Simón descansando sobre la suya cuando se sentó tras hacer la pregunta al funcionario europeo. Pero enseguida volvió a alterarse: Que venga ahora aquí ese francés, tan educadito y tan tranquilito, y que me diga si esto es un Estado de derecho, cuando ni siquiera les bastan las leyes de la dictadura y tienen que ir proclamando estados de excepción cada dos por tres y aplicando leyes antiterroristas a personas que no hemos participado en un acto de violencia en la vida. No hay derecho.  Julia se dio cuenta de que las tres últimas palabras las había dicho en alto y pensó que estaba empezando a perder los nervios.”

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Páginas 8 y 9.

A la izquierda aparece un membrete con el escudo de España franquista. Bajo él, escrito

“Ministerio de la Gobernación

DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA”

“Granada, 13 de Octubre de 1975

Asunto: Dando cuenta de detenciones efectuadas y expedicón de Autorizaciones para entrada y registro.-

N/Refª. Bgd.Reg.Inv.Social.-R.S.nº 3.928

Iltmo. Sr.:

Tengo el honor de participar a V.I. que a consecuencia de los servicios establecidos, en la tarde del día 10 de los corrientes fue localizada ISABEL ALONSO DÁVILA, nacida el 23-11-53 en Salamanca, hija de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), Licenciada en Filosofía y Letras, casada, con domicilio en esta capital en Bda. La Encina núm. 1-7ºD, la que en la desarticulación de organizaciones ilegales que se está llevando a cabo, aparece como una de las responsables del Comité Provincial del Partido Comunista de España (carrillista), por cuyo motivo se procedió a su detención y presentación en esta Jefatura Superior de Policía a las 21 horas del mismo día, la que quedó detenida en práctica de Diligencias.

Igualmente fueron detenidos, por suponerse que están relacionados con las actividades orgánicas de carácter ilegal y subversivo que desarrolla la citada ISABEL ALONSO DÁVILA, los siguientes:

Presentados en esta Jefatura Superior, a las 19,55 horas del día 10-x-75:

(borrado en la fotocopia), nacido el 30-8-57 en Madrid, hijo de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), estudiante de 2º de Filosofía y Letras, soltero, con domicilio en esta capital en Carretera de Málaga, Las Torres, bl. 8 B, piso 2º-D. (borrado en la fotocopia), nacida el 23-11-55 en Carcasone (sic) (Francia), hija de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), estudiante de 1º de Ciencias, soltera, con domicilio en esta capital en Ancha de la Virgen, 20-4º izqda, y (borrado en la fotocopia), nacido el 13-10-51 en Gandía (Valencia), hijo de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), Médico, casado con Isabel Alonso Dávila, y con el mismo domicilio que su esposa.

A las 23,30 horas del día 10-10-75 fue presentado en esta Jefatura Superior, en calidad de detenido, (borrado en la fotocopia), nacido el día 10-4-54 en Dílar (Granada), hijo de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), estudiante de 3º de Filosofía, soltero, con domicilio en esta capital en Avdª Andaluces, 12-3º D.

A las 23,40 horas del mismo día, también en calidad de detenida, fue presentada (borrado en la fotocopia), nacida el 25-1-57 en Granada, hija de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), estudiante de 2º de Filosofía, soltera, con domicilio en esta capital en Cristo de la Yedra, 14-1º izqda.

A las 23,50 horas del mismo día, fueron presentados, en calidad de detenidos los siguientes: (borrado en la fotocopia), nacido el 15-4-1956 en Palma de Mallorca, hijo de (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), estudiante de 2º de Filosofía, soltero, con domicilio en esta capital en Carretera de Málaga, Las Torres, 5-3ºB y (borrado en la fotocopia), nacido el 16-7-57 en Huéscar (Granada), (borrado en la fotocopia) y (borrado en la fotocopia), estudiante de 2º de Filosofía, soltero, con domicilio en esta capital en Paseo de Ronda, 90-3º D.

A las 10,45 horas del día 11 de los corrientes, se dio cuenta telefónica a su Autoridad, de que, según lo dispuesto en el artº 14 de Decreto-Ley 10/75, fecha 26 de Agosto, sobre prevención del Terrorismo, por esta Jefatura Superior se había expedido Autorización para la entrada y registro en el domicilio de ISABEL ALONSO DÁVILA, de cuyo resultado y acta levantada al efecto se remitirá a V.I. junto con todas las actuaciones que se practiquen en relación con la misma.

A las 11 horas del día de la fecha se dio cuenta al Iltmo, Sr. Magistrado Juez de Instrucción del Juzgado núm. 3 (en funciones de guardia), de la expedición, según el antedicho Decreto-Ley, de autorización para la entrada y registro en el domicilio de (borrado en la fotocopia), de cuyo registro se ha levantado la oportuna acta, la que se remitirá a su Autoridad junto con las demás actuaciones que se le sigan al reseñado.

Sobre las 13 horas de hoy, un funcionario del Cuerpo General de Policía, adscrito a esta jefatura Superior, compareció ante V.I. y entre otras cosas le dio cuenta de que se había expedido Autorización para la entrada y registro en el domicilio de (borrado en la fotocopia), cuya diligencia se estaba cumplimentando. El acta levantada al efecto se remitirá a su Autoridad, junto con todas las actuaciones que se practiquen, con relación al anterior.

Como continuación a comunicación telefónica, efectuada a las 13,30 horas de hoy, se participa a su Autoridad que igualmente ha sido expedida Autorización para la entrada y registro en el domicilio de (borrado en la fotocopia), cuya acta se remitirá en unión de las restantes actuaciones.

A las 17,30 de hoy pasó a presencia de su Autoridad el detenido (borrado en la fotocopia).

A las 19,30 horas, también de hoy, ha sido puesta en libertad, por no aparecer de momento cargos contra la misma, la detenida (borrado en la fotocopia).

Dios guarde a V.I. muchos años.

EL JEFE SUPERIOR

P.D. El Inspector de Servicio

(firma borrada en la fotocopia. Sobre parte de ella, sello redondo entintado sobre el que se lee: “DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD. BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL. GRANADA”. En el centro el escudo de España franquista)

ILTMO. SEÑOR MAGISTRADO JUEZ DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NUM. DOS.-

GRANADA”

……………………………………

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 7. Más cómo recojo esto en “Como un pulso”

“DILIGENCIA.- En la ciudad de Granada a once de octubre de mil novecientos setenta y cinco.

Para hacer constar que siendo las once horas cinco minutos del día de la fecha, se recibe llamada telefónica procedente de la Jefatura Superior de Policía dando cuenta de que se ha practicado un registro en el domicilio de Isabel Alonso Dávila en Avenida de Badajoz número uno, séptimo D, por existir sospechas de que existen materiales de propagandas subversivas, de cuyo resultado darán cuenta al Juzgado. Doy cuenta a S.Sª Ilma. doy fe.”

Así narro en “Como un pulso” los hechos relacionados con este documento:

Portada de Como un pulso, Caligrama, mayo de 2020

Cuando hacía poco tiempo que se había despertado en el asqueroso camastro y había llamado al guardia, un policía de paisano, que le pareció que no era ninguno de los que les habían detenido, la sacó de la celda y la subió a la planta baja. Allí la esposó y la condujo a un patio interior donde aparecían estacionados tres coches zeta y siete particulares: un Simca mil, dos seiscientos, un cuatro latas, un Gordini, un Seat 124 y, reinando sobre el grupo, un tiburón.

   El policía introdujo a Julia en el asiento trasero de uno de los coches Z, en el que ya estaba un gris en el puesto del conductor y otro policía de paisano en el del copiloto. El social que la había llevado se sentó con ella en el asiento trasero. Julia juntó al máximo sus piernas para intentar que no escapara el olor que estaba segura de que desprendía.

   –¿A dónde vamos? – preguntó.

   –Menos preguntitas, lista, que enseguida lo sabrás –contestó el policía que la había metido en el coche.

   El conductor puso la marcha atrás y empezó a hacer las maniobras a las que obligaba aquel espacio, tan lleno de coches, para encarar el portón que daba a la calle. Justo antes de salir, Julia pudo ver su 127 estacionado en un rincón de aquel patio y preguntó qué hacía allí su coche.

   –¿Otra preguntita? –le dijo el de la Social que iba en el asiento del copiloto–. Ya sabíamos que eras muy habladora, pero me parece que estás superando nuestras expectativas.

   –Yo creo que con que sepas que tenemos la autorización pertinente, ya tienes suficientes respuestas –le contestó el policía que iba sentado a su lado–. Así que, ahora, tranquilita, que ya tendrás tiempo de hablar cuando empecemos a interrogarte.

   –¿Y cuándo va a ser eso? –dijo Julia sin poder evitar que su tono sonara insolente.

   El policía no le contestó, sino que se dirigió a su compañero.

   –Me parece a mí que ésta está pidiendo a gritos un poco del tratamiento del jarabe ese que nos da tan buenos resultados. Cómo se nota que es el primer día que la tenemos con nosotros. Ya la iremos colocando en su sitio, ¿no crees? –Ante la falta de respuesta del compañero, añadió mirando esta vez a Julia– tú, tranquila, que me parece que vamos a tener tiempo de sobra. Con el permiso de su señoría, claro.

   El coche zeta giró alrededor de tres de los cuatro lados de la Plaza de los Lobos, sin que Julia pudiera ver a ningún peatón ni a ninguna persona disfrutando de las primeras horas del día en alguno de los bancos de la zona ajardinada que ocupaba el centro de la plaza. Ni un solo bar, ni una sola tienda. Estaba claro que aquella plaza era de los lobos y para los lobos y que no era sólo ella la que intentaba no pisarla.

   Al salir de la plaza, el coche se dirigió hacia Gran Capitán y, de allí, a la Plaza del Triunfo, desde la que, tras un giro a la izquierda, encaró la Avenida de Calvo Sotelo. Julia pudo entonces comprobar que, en realidad, estaban rehaciendo el mismo camino que habían recorrido el día anterior pero esta vez en sentido inverso. Al pasar por la esquina de la Avenida de la Estación, volvió a mirar hacia la puerta de la casa de los padres de Simón y de nuevo se encontró con una foto fija en la que ningún movimiento daba señales de vida.

   Al llegar al bloque uno de la Barriada de la Encina, en el barrio de La Chana, el gris que conducía el coche zeta aparcó ordenadamente en el solar que había delante de la casa. Primero bajó el social que iba en el asiento del copiloto y se dirigió hacia la parte trasera del coche. Julia se giró en su asiento y pudo ver cómo el policía abría el maletero y sacaba algo de allí, dirigiéndose hacia la puerta del bloque. Entonces observó cómo el policía apoyaba una pequeña mesa plegable y un pequeño sillín de trípode, también plegable, en el lado derecho de la puerta y volvía hacia el maletero que había dejado abierto. Sacó entonces una funda dura de color gris en la que se podía leer: Olivetti. Sólo después de haber concluido esta operación, se bajó el gris que había conducido y abrió la puerta más cercana a Julia.

   –Anda, baja –le dijo.

   Cuando Julia estuvo fuera, bajó del coche el social que había ido a su lado durante el trayecto y la llevó hacia la puerta del edificio mientras el otro policía de paisano pulsaba el timbre del interfono del sexto D.

   –Buenos días, señor –dijo una voz masculina en un tono respetuoso.

   –Abra la puerta, agente –dijo el social que transportaba la Olivetti.

   –A sus órdenes, señor –y un sonido metálico, que irritó profundamente a Julia, permitió la apertura de la puerta.

   Uno de los sociales se dirigió, con Julia cogida del brazo, hacia el ascensor y abrió la puerta para que pudiera entrar su compañero con la mesa, el sillín y la Olivetti. Algo apretados, subieron hasta el séptimo piso y se dirigieron a la puerta de la casa de la que habían sacado a Julia el día anterior. Allí les estaba esperando, vestido de paisano, el tímido policía nacional que había sido su vecino de abajo durante dos años.

   –Quite el precinto y abra con la llave maestra, agente. Que vamos a proceder al registro –dijo el social de la Olivetti.

   -Y la orden de registro –interrumpió Julia la acción. El social extendió un folio a Julia con el gesto de quien se siente hastiado de tener que cumplir con las escasas normas que no se puede saltar.

   –Aquí tienes la autorización, lista.

   Julia leyó el escrito con todo detenimiento:

“AUTORIZACIÓN DE ENTRADA Y REGISTRO. –

   EL JEFE DE LA BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL DE LA JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA DE LA REGIÓN DE ANDALUCÍA ORIENTAL, CON SEDE EN ESTA CAPITAL, INSPECTOR JEFE DEL CUERPO GENERAL DE POLICÍA, titular del carnet profesional número 4.375, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 14 del Decreto-Ley 10/75, de 26 de agosto, sobre prevención del terrorismo, EXISTIENDO indicios suficientes de que en el domicilio sito en la Avenida de Badajoz, bloque nº 1, 7º D, donde habita JULIA ÁVILA SANZ, nacida el 23-11-53 en Valladolid, hija de Dionisio y Florita, estudiante, casada, por ser miembro de una de las Organizaciones declaradas fuera de la ley en el artículo 4º del mencionado Decreto–Ley y puedan encontrarse en dicha vivienda efectos e instrumentos para la comisión de delitos de terrorismo, libros, documentos o propaganda relacionada con esta figura delictiva, por razones de máxima urgencia y CONSIDERANDO la existencia de grave riesgo para la vida de los ciudadanos, el orden público y la convivencia social, en evitación de que, de inmediato desaparezcan o se oculten elementos útiles para la investigación,

   AUTORIZA la entrada y registro en el domicilio antes mencionado a los funcionarios de la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior, Inspectores de segunda clase del Cuerpo General de Policía, titulares del carnet profesional número A12GO–6277 y 8606, respectivamente, los que procederán a verificar inmediatamente dicha diligencia, haciendo uso de cuantas medidas fuesen precisas para ello, debiendo levantar ACTA, la que, junto con lo que se ocupe, se remitirá al Ilmo. Sr. Magistrado Juez del Juzgado de Instrucción de Guardia, al que se da cuenta inmediata de haber sido adoptada esta determinación.–. En Granada, a once de octubre de mil novecientos setenta y cinco. – AUTORIZA Y FIRMA EL JEFE DE LA BRIGADA REGIONAL DE INVESTIGACIÓN SOCIAL DE LA JEFATURA SUPERIOR DE POLICÍA DE GRANADA”. Cuando Julia acabó la minuciosa lectura, opuso a la cara de impaciencia de los dos sociales que estaban esperando la pregunta obvia:

   –Así que no han conseguido la orden judicial.

   –Por las prisas, guapa, pero con esta autorización nos basta y nos sobra. Tan enterada que pareces y no te han informado en el Partido que con el Decreto-Ley de agosto sobre prevención del terrorismo podemos entrar sin orden judicial. ¿O es que una persona tan informada como tú no conoce las últimas novedades? Además, ¿no acabas de leer que se ha dado cuenta al juez de guardia? Va, no perdamos más tiempo –dijo el social abriendo la puerta.

   –Me imagino que no han podido convencer a ningún juez de que yo soy una terrorista, ¿no? –dijo Julia mientras cruzaban el umbral.

    –Creo yo que tenemos aquí un hueso duro de roer –oyó Julia que le decía un social al otro en un susurro.

   Dentro del apartamento, Julia pudo ver que sus muebles ya no estaban. Pero en la sala de estar aparecían, en desorden y abiertas, varias de las cajas de libros y papeles. Eran los que los de la social habían estado seleccionando la tarde anterior antes de que la falta de luz les impidiera continuar con el registro.

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Página 6

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Transcripción:

“JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NUM. 2

GRANADA

DILIGENCIAS PREVIAS

(a bolígrafo: RG-2952)

Núm. 2053 Año 1975

Incoación: 11-10-1975 Lugar del hecho: Granada

DELITO

Propagandas ilegales

Denunciante: Jefatura Superior de Policía

Denunciado: Dª Isabel Alonso Dávila

ENCARTADOS: (a bolígrafo General 2599 1674-75)

Rep. 3883=”

“TRIBUNAL DE ORDEN PÚBLICO. SECRETARÍA. Rollo 3265 de 1975. Sumario núm. 1647 de 1975”. Páginas 4-5

“DON (Nombre borrado con tipex)

SECRETARIO DEL JUZGAD DE ORDEN PÚBLICO Nº 1 MADRID.

DOY FE: Que en este Juzgado, y por mi Secretaría, se instruye sumario por el delito de ASOCIACIÓN ILÍCITA, en el que con esta fecha se ha dictado contra LOS PROCESADOS RELACIONADOS AL DORSO.

Auto declarándole procesado que contiene el siguiente PARTICULAR: Se decreta la PRISIÓN PROVISIONAL INCONDICIONAL COMUNICADA de dichos procesados hagáseles saber instruyéndoles de sus derechos y expídase mandamiento al Director de la prisión correspondiente. Fórmese pieza separada.

Y en cumplimiento de lo mandado, y para que quede formada dicha pieza, autorizo el presente en Madrid a veinticinco de octubre de mil novecientos setenta y cinco.

DILIGENCIA: Seguidamente se libra exhorto al Juagado Decano de Granada.- Doy fé.

PROCESADOS:

ISABEL ALONSO DÁVILA

(Cuatro nombres más borrados con tipex)

Así recupero en mi novela “Como un pulso” una de mis presentaciones en los juzgados de Valencia

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“A las doce menos cuarto llegaba desde la calle de la Paz al Parterre y cruzaba la solemne puerta de los juzgados de Valencia con su paso decidido de siempre. Tras dar los buenos días a los dos guardias civiles que se refugiaban del frío a la entrada del enorme zaguán, les preguntó dónde se encontraba el juzgado número dos. Uno de ellos la saludó, colocando su mano derecha en el borde del tricornio y diciendo un buenos días, señora, que parecía ir dirigido a su enorme barriga. Después, le indicó el complicado recorrido que tenía que hacer para llegar a su destino. Julia subió primero las escaleras señoriales que se abrían a la izquierda. Tras un enorme rellano en piedra, aparecieron otras escaleras, menos imponentes, y, al final de varios pasillos, encontró el letrero que indicaba que había llegado a la puerta que estaba buscando. Llamó con los nudillos. Tras escuchar un adelante, entró en un espacio que estaba lejos del recuerdo que tenía del juzgado de Granada, con sus espacios amplios y ordenados. Ahora se encontraba en una sala no muy grande, en la que convivían apretadamente tres enormes escritorios que parecían haber sido depositados allí sin orden ni concierto. Tras cada uno de ellos, un funcionario escribía a máquina en el único hueco que dejaban los montones de legajos que parecían querer invadir todo el espacio. El ruido de las máquinas subía hacia el techo acompañando el humo de los cigarrillos. Esto parece una república, pensó Julia que habría dicho su madre. Se dirigió a la primera mesa y enseñó el apremio. El funcionario le indicó la mesa más grande y allí firmó Julia su primera comparecencia ante el juzgado. La seguirían dieciocho más y, como aquella primera vez, tras cada una de ellas, al salir de los juzgados, se dirigía a una cabina de teléfonos y llamaba a casa de los padres de Simón. Aquella vez, Encarna le dijo que Simón ya estaba en casa porque le había indultado Juan Carlos. El indulto llevaba fecha del 25 de noviembre, fue lo último que oyó Julia antes de oír la voz de Simón, que le había arrebatado el teléfono a su madre.”

(Isabel Alonso Dávila, Como un pulso, Caligrama, mayo de 2020, p. 226-227)